Diario de León

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La falacia de que rearmarse es un blindaje para la paz recorre Europa. Úrsula von der Leyen, la primera presidenta de la Comisión Europea después de 12 presidentes, es la paladina del plan Rearm Europe. Como sucedió para salvar a la banca cuando la crisis inmobiliaria, a principios del siglo XXI, ahora, para que los estados aumenten el gasto en defensa, se rompen las férreas normas europeas.

Flexibilidad fiscal, préstamos, reorientación de los fondos de cohesión, apoyo del Banco Europeo de Inversiones a las empresas de defensa y movilizar capital privado en el mismo sentido son la brújula de este periplo europeo hacia el desastre.

El plan engordará las ventas de armas de Estados Unidos haciendo la genuflexión a Donald Trump, mientras a la ciudadanía se le cuenta el cuento de que es para ser menos dependientes del imperio yanqui para que lleve con resignación los recortes presupuestarias en la vida cotidiana.

El plan Rearm Europe se lanza el 4 de marzo y no ha terminado este mes, temido por los pastores de antaño, y no precisamente por el lobo, cuando una cortina de humo pretende desviar la atención del rumbo letal de la política europea que, por lo demás, sigue impasible el genocidio en Palestina.

La delirante idea de que es necesario hacer acopio de un kit de supervivencia para afrontar emergencias viene a completar el cuadro esperpéntico de la ‘alta política’ de Bruselas. Nos quieren hacer creer que nos podremos salvar nosotros y nosotras, solitos y solitas. Al compás de los postulados neoliberales del individualismo total.

Mientras la gente se lanza a los supermercados y a los portales de gangas de internet para hacer acopio del kit, la Comisión Europea sigue con sus planes de rearme y con su cifra mágica: 800.000 millones de euros.

Es lo que Juan Carlos Rois define como el uso capitalista del pánico social: 1) Se genera una nueva alerta; 2) Se activa la psicología de masas; 3) Se genera pánico social; 4) Se distrae la atención de otros problemas y 5) Se generan ganancias económicas.

Un círculo del que se benefician las élites económicas y políticas y en el que siempre pierde la gente de abajo.

Frente a la idea de que necesitamos a la comunidad —y no solo la humana, sino también la animal, la vegetal...— para sobrevivir y para ser felices nos venden un kit de supervivencia que no valdrá ni para la primera hora de un ataque nuclear, venga de Rusia, de Estados Unidos o de Irán.

Necesitamos rearmarnos, sí. Pero de otra cosa. De lazos que nos unan, de palabras que construyan y de una nueva clase política con valor para cambiar el rumbo suicida del planeta. Ideas ilusorias, sí, como las del pastor que se despide de marzo: ‘Ay marzo, marzuelo, tú te vas y yo me quedo con el rebañico entero’. Pero marzo es duro de pelar: «Ay, pícaro pastor, con un día que me queda y dos que me preste abril te he de ver con los corderos al cadril». Pero, ¿y si se puede?

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