Diario de León

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Sabe alguien a dónde van a morir los pájaros?... Por aquí, tanto en la ciudad como en el campo, no se les ve palmar, «adiós mundo cruel, poco grano me echaste». En el corrillo no había biólogo que respondiera a la pregunta como lo haría Manu Masquepájaros, pero para estos vacíos se las vale bien Peláez con su tablet y nos tranquiliza... Dicen ahí que cuando les pinta mal o ven venir sus finales se orillan, buscan guarecerse, refugiarse como lo hacen en tablas los toros en su última suerte. Y en silencio se apagan, estiran la pata. Y nosotros, sin enterarnos. Tampoco nos preguntamos por qué no vemos muertos en las aceras o parques los pardales o palomas que tanto abundan, salvo que los estripe un coche o el camión de la basura como le ocurrió a Genarín. Y vas al campo y lo mismo, no se ven buitres en su agonía o avutardas con tembleque en sus últimas a no ser que les haya embestido algún aerogenerador de los muchos que pueblan estos montes y estepas, quijotescos y gigantes molinos de nuestro tiempo que también matan lo suyo.

Y otra cosa: cuando un ave, desde el colibrí al quebrantahuesos, se ve en el trance de morir, ¿se arrima a los suyos, a sus viejos nidos, alerones o roquedos, o se aleja de allí, pone distancia no queriendo ser el aviso cruel de lo que les espera a ellos también?, ¿a qué negarle esa piedad elegante al zorzal o al arrendajo?... Los árboles mueren de pie, ¿y los pájaros?... de culo o de costao, como to bicho viviente. No hay misterio en el morir del pájaro, la Biología lo sabe. Pero la cosa pide literatura, moraleja y recordar aquí el duodécimo mandamiento: «Al morir, no joder», que al igual que el undécimo, «No estorbarás», no los grabó Moisés en sus tablas al acabársele el espacio o por parecerle que jamás se cumplirían. En fin, buena la liamos; ahora el corro quiere saber también qué hace un oso pardo olfateando su muerte o cómo es el final natural de un alce alaskeño o una pantera negra... o cómo se echa a morir una ballena jorobada que no quiere suicidarse en una playa... (y una fea casualidad: ayer y anteayer vi dos pardales muertos en mi calle, ¿de frío, de hambre o de vejez?... ¿habla ahí el cambio?).

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