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Voy a cumplir con la recomendación de Bruselas y ya estoy preparando mi kit de supervivencia, ese que se nos ha sugerido tener en casa y con el resistir 72 horas sin ayuda exterior, tras una catástrofe natural o después de un ataque bélico; aunque uno intuye que las autoridades europeas están pensando más en la posibilidad de que llueva fuego que agua. Sin ser comprador compulsivo, ni tener la vocación aventurera de Jesús Calleja, me parece algo escaso tal contenido básico; por ello, he decidido prepararme a mayores una mochilina complementaria, con todo aquello necesario para mí propia supervivencia emocional. Ah, quién tuviese aquel bolso de viaje de Mary Poppins, en el que cabía la palabra «supercalifragilisticoespialiodoso», el viejo Reino de León y un pedazo de Camelot. Pero ya no se fabrica. En fin, habrá que doblar más. En este segundo kit incluiré: 1/A mi mujer. «Los rizos ocupan mucho espacio», habrá saltado ya ese paisano que lleva dentro un cabo de la Legio VII. Pues habrá que empujar. 2/Un karaoke, aunque también me apaño con el trío Los Panchos. 3/ Mis amigos y amigas, con sus respectivas parejas y/ o mascotas; aquí es donde Tarzán exclama: «¡A mí Jane no dejar meter elefante!»; vale, si es por cogerse una trompa, meta una botellina de Anís del Mono. 4/ Dado que el saber no ocupa lugar, mi enciclopedia Espasa, aunque con una de diez tomos también me apañaría; en digital no es lo mismo. 5/ Una compañía de zarzuela, que el género chico es muy nuestro. 6/ 500 raciones de patatas Blas picantes y otras 500 sin picar. 7/ Unos disfraces, por si hay que pasar desapercibido. 8/ Mi máquina de detectar falsos lectores del Quijote. 9/ Un motocarro para, en caso de huida, transportar el bolso. Y 10/ Un yoyo con luces.

Mi segundo kit ha de tener bolsillos secretos. «Eso, eso… viagra que no falte», habrá exclamado ya el ectoplasma de don Juan Tenorio. La verdad es que estaba pensando en una cama elástica, en un curso de cocina china, una intérprete de ruso…

Imprescindible incluir un gran megáfono… para que se me oigan bien los improperios que clamaré día y noche. Como no soy de natural faltoso ya he empezado a practicar tacos, de menor a mayor. A mí, en esto, no me cogerán desentrenado.