Diario de León

nubes y claros

María Jesús Muñiz Prieto

Maria J. Muñiz

Hora de calma

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Una vez más, dan ganas de salir corriendo. La cuestión es que no hay hacia dónde. La cuestión, al final, es que después de este traspié vendrán otros, cada vez más frecuentes. La respuesta, que en cada tiempo y condición se acaba saliendo adelante. El problema, que aunque los mercados y las economías terminan repuntando a largo plazo, la enorme bolsa de ciudadanos vulnerables engorda y sus expectativas están cada vez más acotadas. El reto, más allá del PIB, el rearme-defensivo, los ICO flotadores de negocios a la deriva o el dinero que acaba saliendo siempre de la chistera de los discursos (quizá porque nunca se agota más allá de la letra de los planes de salvación), que el discurso repetido en cada crisis de no dejar a nadie atrás se cumpla.

En la época del manejo cuántico de datos y la Inteligencia Artificial no se encuentran estadísticas al respecto. Mas tenemos ojos que evidencian el panorama social reinante; ojalá visión analítica, ya puestos a pedir, capacidad crítica. Para discurrir también de dónde van a salir los miles de millones de euros que peldaño tras peldaño se adelantan en el argumentario de los gobernantes de todas las escalas en cada dificultad a la vista. Quizá es que de lo anunciado a lo gastado siempre hay margen suficiente de ahorro como para seguir prometiendo el pan y la sal (los mismos) una y otra vez.

El caso es que la volatilidad, ese devenir impredecible que azota los mercados de inversión, se ha instalado para quedarse en todo lo que influye en nuestras vidas. Del ahorro a la cesta de la compra doméstica. Con lecciones básicas que sería bueno grabarse a fuego: en tiempos de pánico hay que mantener la calma y no salir huyendo (por ejemplo del ahorro), y ojito frente a los mensajes apocalípticos. El miedo es el arma de la que se aprovechan los pícaros desde los albores de la humanidad.

Nos arrasa la ira Trump y sus desvaríos. Son tiempos de cintura y temple, en lo estatal y en lo doméstico. Y, como decían esta semana las organizaciones empresariales leonesas, el momento de que la UE tome las riendas de su futuro y apueste por financiar lo propio frente a dependencias de otros países cada vez más peligrosas. Un mensaje que tiene que calar hacia abajo. Hasta León. Aquí se puede. Pero hay que exigir. Ahí, sin calma.

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