Adiós a su senda
Quiso el funeral de un cura y no esperar al Juicio Final en el fasto vaticano, aunque eligió para ello la basílica de Santa María Maggiore, sobradísima a su pesar de ampulosidad, mármoles y lujosas artes. Que sea sede penitencial regentada por dominicos siendo él jesuíta (orden históricamente rival) es detalle a considerar. Pero ahí quedará la seña de su sencillez, una lápida en piedra de Liguria con sólo Franciscus al leerla. Es avance.
Poco queda por decir del papa Bergoglio, pero mañana se necesitará recordarlo. La carcundia eclesial y aún más la ultraderecha le aborrecen, la izquierda se decepciona con él, el centro le echa palabritas lindas y la feligresía sencilla lamenta de profundis y llora su marcha. Quiso mucho y pudo poco, abrió caminos que en un a medias se quedan y sacudió los cimientos de una Iglesia más temporal que celestial y muy mundana en estructura, jerarquías, división, riquezas y pecados donde la idea fundacional dirigida a los pobres se fue quedando en papel mojado de unos Evangelios que cayeron al agua del mar de Galilea desde la barca del Pescador, un Pedro al que Pablo birló sitio y doctrina. Por eso pretendió este papa restaurar el mensaje de pobreza, el desprendimiento y el sentido de lo humano, denunciando el pecado contra los desheredados, emigrantes, refugiados y los hambrientos de pan y justicia... o denunciando guerras y codicias que devastan la naturaleza. Fue revelador que el único lugar de España elegido para la visita que nunca hizo no fueran hitos compostelanos o covadongas, sino las Canarias y la tantísima emigración que allí se escolla si no muere en la travesía. Y fue vicario de Cristo en un cristianismo que echó a andar seduciendo y admirando al pagano que exclamaba ¡mirad cómo se aman!, aunque al poco fue un ¡mirad cómo se odian!, echándose al cisma y a la guerra fraterna para hacerse reino de este mundo con cien iglesias distintas. En ese acantilado fracasó también el afán ecuménico de Francisco, cuya senda abierta se interrumpirá, lo mismo que tras un papa gordo viene uno flaco y tras uno que avanza, otro que retrocede... es la costumbre.