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Me entero de que en Venice, en California, un club de lectura ha terminado su primer libro... después de veintiocho años. El libro que han escogido para comenzar a leer, cuentan en la emisora Radio Somos, no es cualquier cosa; nada menos que Finnegans Wake, la obra más críptica, más angulosa, más inabarcable de James Joyce, un autor que ya había escrito una historia tan compleja, tan difícil de entender, como fue el Ulises; ese paseo por Dublín de Leopold Bloom que remite a la Odisea de Homero.

Pues Finnegans Wake es todavía más compleja. En sus más de seiscientas páginas, Joyce rompe con la estructura narrativa tradicional, con el espacio y con el tiempo, con los personajes. Es un batiburrillo con frases, recuerdan en la emisora, que parecen incurrir en errores tipográficos y con referencias a otros idiomas que convierten la lectura en una carrera de obstáculos. Por eso el club de lectura de Venice, en un distrito de Los Ángeles, empezó leyendo dos páginas al mes, para comentarlas con calma, y finalmente han ido a página cada treinta días. Durante veintiocho años.

Porque Finnnegans Wake parece una broma. Un libro, decía Joyce de su obra, escrito para lectores con insomnio crónico. Termina en mitad de una frase y vuelve a empezar con la primera. Así que el lector está atrapado en un bucle de lectura infinito. Solo cabe seguir leyendo el mismo libro para siempre.

Y quizá esa sea la trampa de la última obra de Joyce; un libro infinito que nunca se termina de leer. Ahora que se oyen voces que reclaman la inclusión en los suplementos literarios y en los reconocimientos institucionales de los autores que más venden sin complicarle la vida al lector, sin explorar nuevas formas de contar una historia, apoyados en clichés y en arquetipos, y con el don, porque es un don, de enganchar a los lectores menos exigentes (que son la mayoría), empiezo a pensar que James Joyce no fue un escritor, sino un demiurgo. Y que Finnegans Wake no es ninguna novela, no es ninguna ficción; es un tratado de alquimia. Aquel que consiga entenderlo habrá dado con la fórmula del elixir de la vida. Y será joven para siempre.