Diario de León

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Dogma es que a los electores de un papa les asiste el Espiritu Santo y así entran al cónclave invocando su auxilio con el «Veni creator spiritus», conmovedor himno si se escucha en la delgada voz de dieciséis monjas llevadas en carreta a la guillotina tras condenarlas un tribunal de la Revolución Francesa en la famosa película «Diálogo de carmelitas», una historia real de 1794.

Espíritu creador, tercera persona de la Trinidad representada desde el albor del cristianismo como paloma, su imagen icónica, símbolo además de la paz, aunque en las guerras vaticanas debe sentir algo mermado ese poder al no explicarse que titubee el Espíritu Santo y el elegido no salga a la primera siendo tan preclara su inspiración, necesitándose varios paseos a la urna y, entre medias, murmureo negociante en el que se enredan los cardenales hasta ver la luz. Así ocurrió esta vez. Pero hubo un detalle que no pasó desapercibido para alguno, aunque no en reporteros que repetían su rosario de tópicos y quinielas para llenar tan larga espera. ¿Era también símbolo ese detalle? En la cumbrera del tejado de la Capilla Sixtina, junto a la chimenea de las fumatas, permanecía posada, inmóvil, a veces sentada, una gaviota relimpia. Ni rastro de paloma alguna en una ciudad donde sobran. No. Era gaviota. Se hace algo raro estando Roma a 35 kms de su mar más cercano en Ostia. Qué curioso. Podía esa gaviota elegir para posarse cualquiera de las cúspides estatuarias o tejados de la basílica y su entorno, pero volvía una y otra vez junto a la chimenea. ¿Esperaba noticias? ¿Inspiraba el voto de sus eminencias reverendísimas?, ¿y qué simboliza una gaviota que ladronea el mar o cala en basurero?... A las seis de la tarde llegó una paloma, no blanca, algo carbonera, pero al instante se fue. Y después un grajo, mala espina. Y otra gaviota más; o gavioto, ¡era su pareja! Un minuto antes de la «fumata bianca», a pie de chimenea, aparece un gaviotín en plumón y eso era que el nido estaba allí, y le daba de comer la madre. Buena señal. Una hora después, salió al balcón la esperanza de un León XIV.... y aquí el leonesismo ufano o zumbao arrimó ascua, se atacó de memes... y gritó ¡alza el rabo, León!...

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