nubes y claros
De León al cielo
Doctores tiene la Iglesia. Doctorandos, como abruma, todo pichirri en la creencia de que tenemos algo que aportar a un intríngulis que fascina a la parte del mundo que nos atañe, y del que (más allá de los ceremoniales lustrosos) se ignora mucho más de lo que se conoce. A pesar de que la curiosidad es infinita, las aspiraciones inabarcables y la certeza prácticamente nula. Tres ingredientes picantes para sazonar una erupción informativa desbordada, necesitada de píldoras a cada segundo frente al rezongón protocolo de la Santa Sede, y alimentada con tal cantidad de aditamentos que se enturbia el entendimiento y deja apenas el regusto del embrollo.
En cuanto al terruño, León no es ajeno al nuevo Papa Prevost, que nos ha visitado varias veces. En una vinculación que quizá vaya más allá, aunque ni él la ha desvelado. En el entramado de los multinacionales orígenes familiares del nuevo pontífice, la raíz española puede apuntar a la provincia, aunque es un misterio. Bienvenido sea el anclaje puede acercarnos al trono de Pedro.
En lo que importa, lo que aporte el nuevo Papa está por ver. León XIV suma hoy las mil definiciones de una incógnita. Como con los anteriores, percibimos apenas la versión publicitada de las luces y sombras de un elegido enredado en la armadura de ataduras e intereses que enfrentar para que la Iglesia avance. O no.
Envuelta en el ambiente, me enredé, tras la fumata blanca, en la película Dos papas. Basada en hechos reales, se anunciaba. El Papa Rantzinger frente al antagonista Bergoglio, que transitan, desde sus opuestas personalidades y concepciones de la Iglesia, del enfrentamiento a una entrañable visión común. Muestra conflictos como el del futuro Papa Francisco durante la dictadura argentina. Mucho más de puntillas teclea la vida de Benedicto XVI y su bloqueo ante los escándalos financieros del Vaticano y la aplastante realidad de la inacción frente a los abusadores sexuales de la Iglesia. Deseable ‘realidad’, aunque difícil de creer en muchos ángulos.
Sí en el de la complejidad de la misión encomendada. Prioritaria, la de la voz de la paz y la conciencia en este mundo ensordecedor y alocado. León XIV no podrá hacerlo solo.