CORNADA DE LOBO
Dos orejas
Dios no es tonto en la Biblia. Si al moldear en barro a Adán le puso dos orejas y sólo una boca, sería por algo. Pero pocos entienden que ahí va un inequívoco mandato: escuchar más que hablar. Así lo vio también Diógenes o Zenón de Citio el estoico. Escuchar te hace libre de largar tonterías o patadas. Oído al parche o perdemos el paso. Poner la oreja. Sólo escuchando se oye también lo que no se dice, que resulta ser lo único importante. Y no hacer caso a los que tienen orejas en la barriga o la cartera; oyen sólo lo que gustan oír; para todo lo demás son tapia sorda, son frontera... o arancel. «Escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la verborrea y la laringitis». Y lapidario fue Gamoneda en su última tertulia: «Este es un mundo para atravesarlo callao».
Recuerda que los ojos también pueden escuchar y, sobre todo, leer... se entera uno de mucho leyendo caras, emociones o ambientes. Nunca dejes de mirar todo lo que se mueve... o se queda parao; cada gesto, sitio o tic lleva mensaje. Escucha con los ojos y te enterarás de mucho. Y hazle caso a Diógenes: «Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando, es como se aprende a callar». Porque vivimos tiempos de logorrea incontinente. Contamos y contamos, pero sólo de lo nuestro, yo y yo, y cagando sentencias con móvil en el bolso o luciendo lo que se come, el último viaje y lo redondo de su ombligo o ciruelo. Hablan todos. Y a la vez. Normal no encontrar ya a quien escuche. Esto es especialmente grave en la política nacional convertida hoy en granja alborotada de perros enviscados ladrando insultos. ¿No tienen estos políticos capacidad de escuchar?, ¿es erróneo todo-todo lo que diga el adversario inteligente?... ¿de qué van?, ¿sólo les interesa el ruido y el cañonazo que les aúpe a un explosivo titular?, ¿y nadie les dice que sólo serán libres y buenos servidores públicos si saben escuchar sin prejuicios al distinto o al contrario?... Lo dicho: ignoran que sólo escuchando al otro averiguarían realmente lo que piensa y especialmente lo que oculta... Así las cosas, sólo van ciegos de furias... y con la simpleza hija de su mediocridad.