¿Has almorzao?...
Cuando el cazurro pijotín y burguesete de los 70 quería «dárselas» comenzó a llamar a la comida «almuerzo» y así figuraba en sus tarjetones, invitaciones de boda o banquete de copete. Me causó perplejidad esta apropiación urraca de un término tan popular (y tan de mi infancia) que definía una costumbre inveterada, almorzar, romper la mañana como Dios y las tripas mandan. Y ahí entró a la Real Academia viendo a esta confusa España, pues aceptando nuestra pluri-realidad define de dos formas «Almuerzo: 1, Comida del mediodía o primeras horas de la tarde; y 2, Comida que se toma por la mañana». ¿En qué quedamos?, o lo uno o lo otro, aunque el equívoco duerme en nuestro diverso pueblo que por el «Levante español», de Alicante a la Junquera, llama «esmorzar» o «desdejunar» a la comida rápida que se hace antes de salir de casa, y en Baleares, sin embargo, lo dicen de la merienda... pero por aquí, en Palencia, almorzar también es comer. Sin embargo, en mi memoria infantil resuena cada día el ¿has almorzao? de mi abuelo Severino refiriéndose al desayuno, pues al consistente almuerzo de media mañana se lo llamó siempre en León tomar «las diez», un alto en la labor de quienes madrugaban con el gallo y ya llevaban horas de brega, un «detente y retaca» tirando con navaja de hogaza y embutido o tasajo y con cuchara si eran garbanzos o patatas revolcadas de la víspera, jarrillo mediante. Lo confirmaba el viajero y escritor francés barón Davillier que llega a la estación de León en 1867 desde Astorga donde acompañó al gran dibujante Gustave Doré, ciudad que describe como la más fea e inmunda de España. Pero en la cantina de nuestra estación se encuentra con una feliz sorpresa; sirven a media mañana un almuerzo sustancioso y bien barato consistente en cuatro platos: sopa, menestra, carne o pescao y postre, concluyendo con un ¡ojalá los ferrocarriles franceses aprendieran de este ejemplo!... (¡ooole el orgullo cazurro y la satisfacción regia!). Y todo, para que venga hoy el tontito cazurrete y pijinglish llamando al viejo almuerzo «brunch»... ¿Nun ye pa jodese y no caese?, exclamó el nietu pijilleunés de Sócrates que se nos arrimó.