CORNADA DE LOBO
Mafia potagia
Causa admiración y vergüencita lila el rasgón de camisa blue del que no quiere salir la derecha, la derechona, la derechita cobarde, la derechazi verdilagarta o la derechíviris culé de pujolíviris, queriendo tumbar al Gobierno a base de empujón manifestante y altisonante declaración rampante y rugiente, ciñéndose a un lema que, por simplón, va de rodillas al templo de sus propias culpas olvidándolas o queriendo absolverlas como agua pasada que tanto molino suyo movió y que en «pequeñas diócesis» propias aún seguirá moliendo. Y gritan ¡mafia o democracia!, ¡Sánchez ladrón!, ¡socialismo al paredón!... Feijoo se recrea en su gracia, que es la falta de ella, Ayuso flirtea con lo chavacano y sorpasa a su líder (¿líder?) poniéndose cheli madrillí mientras le sopla en la nuca argentinamente gritando ¡soy mi-ley! y buscando la aclamación popular que la convierta en una Isabelita (Perón, tira del bordón, que voy pa la Italia, ¿dónde vas amor mío que yo no vaya?... ¡a por melonis y pepinillos pa tapar orejas!) y, al fondo, el coro de viejos tenores populares dando la nota alta con gallos o carrasperas al repetir la misma antífona, a la vez que su prensa acorde le pone a todo ello acordeón por querer que empiece el baile adelantando elecciones y tal y tal, cagüental el robledal.
Pero la corrupción infecta tanto al sanchismo y al pedrismo pontifical, que es corrupción burda, marrana, muy kolda, abalando mierda de ábalos y óbolos, con aldabonazo de aldamas en campanona catedralicia o enseñando el chirri las jéssicas bernardas izadas como estandarte sobre un volquete de putas... ¿Y llegará toda esa corrupción a pesar tanto como la del otro platillo de la balanza donde se columpian bárcenas, ratos, matas, fabras, gürtels, púnicas, correas, arroyos encomendados, enredaderas, ivams, rasputines, naseiros, palmarenas, zaplanas...? ¿Quién está aquí para hablar? Llegándoles a todos la mierda al cuello, se les aconseja no abrir la boca tan alegremente o se les llenará de ella escupiendo sólo cagajones, como ya vemos. Y dejen de encabronar tanto a esta España atónita, por favor, ¿es que lo merecemos?... Pues quizá sí, si tanto eco les damos.