Diario de León

león en verso

Luis Urdiales

Luis Urdiales

Identidad leonesa (I)

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Por nacer en este valle de lágrimas, ya lo haces con mil probabilidades más de que te acose y liquide un sicario con sueldo público que de que el ILC te rescate con una medalla, o un bono para el poemario a la virgen de los Dolores. Así se moldea la identidad, niño, a gusto del artesano, que prefiere la suavidad de las manos del boletín oficial y los reales decretos que la fórmula contundente del pastor de sacudir porracazos a los trenes de juguete después de que el Costa Verde le hubiera fusilado la mitad del rebaño. Y eso es casi todo lo que resume la semejanza leonesa para la generación que está en pie desde el referéndum del 78, y las autono suyas de Vizcaíno Casas, de aquella quinta que dejó la teta, la escuela o se amorró al Fortuna mientras España preparaba los fastos del Mundial 82 o entregaba la hijuela a los caimanes de Bruselas. Palo y zanahoria, y otra vuelta a la noria que patrocina esta norma, transposición de la directiva europea, gentileza de los señores consejeros que firman los directores generales, fulanitos de tal, y los jefes de servicio, más fulanitos que nunca. Y eso, niño, es lo que podemos extraer a estas alturas de siglo de la relación de leoneses, iguales entre nosotros, semejantes en la penuria, que nos instruyeron en la individualidad y en el esfuerzo, en el sudor de la frente, y en defender la viña junto al camino, sin atacar, pero sin dejar de devolver la embestida. Esto último lo tenemos un poco descuidado, según declina el ejército de soldaditos y chóferes con coches blancos y rojos las canciones de los algodoneros de esta Alabama perdida en medio de la burocracia que exprime las reinetas como si fueran pomelos. Cómo estará el asunto, niño, para que ya bufen hasta las clases pudientes, los verdugos, las élites, atrapadas en la dependencia de su propia mercancía. De perseguir gallinas ilegales y juicios sumarísimos a las vacas, al Luis Planas dimisión, hay una línea que sólo se ve cuando peligra el pan en la mesa. La identidad leonesa más extendida se instala en esperar el ataque del poder, parapetado en lo construido con la dedicación que legaron los padres mientras tarareas Coplas de la Sobarriba, al ritmo emocionante que le pone Son del Cordel.

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