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Dice san Andrés que el que tiene cara de algo lo es. La cara de Santos Cerdán, por ejemplo, mucha cara, cara de hogaza o pandero, cara de Abad de la Cucaña con casulla porcinera visitando la pocilga para calcular la matancera, cara de in fraganti, cara de hormigón y de hacerse el bobo sin salir de idiota al dejar tanto rastro de la mierda que mercó, patí, pamí y pal ayayay... O la cara de Ábalos, tan del estilo, cara botijo con papada de tripalari en caldereta, cara zoqueta de zampón listillo y muy avieso, cara de queso de bola, cara de monitor tocaculos y tocapelotas, cara espejo de todo lo que tuvo al lado o debajito... O la cara del Koldo, diosmío qué cara, cara siniestra de cabo matón de puertas, cara emboscada bajo antifaz de gafota tintada, cara de obús, cara lanzada a morder con la boca cerrada, cara de machaca, cara furriela de guardián de puticlubs, cara de abracadabra... ¡cielosanto!, ¿de dónde salió este trío al que sólo le falta un parejo para ser póker?... ¿qué le resta a Pedro Sánchez para estar en la jugada?... o en la pomada, pues de untar bien la tostada iba la cosa, mientras el ojo del amo dejaba engordar al caballo olvidando su «in vigilando».

Dice también una vieja ley que «A partir de los 40 cada cual es responsable de su cara», de donde se deduce que lo de esta gente no puede ser sorpresa, que no es de ahora, que esa cara suya viene de lejos, se la trabajaron ya desde mucho antes del bautizo curricular que les aupó hasta la gloria tocinera que alcanzaron. ¿Y lo lograron con esa cara suya, cara que fue aval y pedigrí de lo que ahí ya se leía?... ¡hurra por quien los eligió, gran ojo el que les abrió la puerta grande!... Pamí, patí y pal ayayay. Aunque, a fuer de sinceros, aquí no escandaliza tanto la corrupción guarra que a la vista está, pues en España ya quedó sobradamente demostrado desde el cirio al sursum corda que «el que no se corrompe no mama»... y que si no hay grasa pal buje, la rueda gime. Aquí lo que sonroja es la torpeza cirilona que tanto rastro dejó... y la chulería de su catecismo. El patíbulo que merecen, antes que nada, es por su incompetencia lerda hasta para corromperse. Tuercebotas de siete leguas.