CUERPO A TIERRA
Zonas verdes
Al terminarse la remodelación de la avenida Padre Isla, hubo quien tuvo la santa paciencia de recorrerla entera contando los árboles que justificaban que siguiera llamándose avenida. Eran veinte. Todo un pasillo verde de sombra y frescor. El ecologismo local acusó al alcalde y a su muleta leonesista de arboricidio. Estos defendieron la impopular medida escudándose en las enfermedades que aquejaban a la población urbana de plátanos y chopos, recordando además que somos la segunda ciudad de España con más zonas verdes y más de treinta mil plantas en el censo municipal. Albergo la impresión de que además hemos mejorado muchísimo en este aspecto con esta corporación y, aunque las impresiones siempre resultan subjetivas, vamos a intentar argumentarlo.
Uno cree que, cuando se critica que no hay bastantes ejemplares arbóreos en la ciudad, suceden dos cosas: se albergan unas expectativas demasiado altas e igual se está siendo algo exigente con la terminología. Es cierto que cualquier verdura no es árbol, por carecer de tallo leñoso, pero no menos verdadero resulta que en los barrios hay gran cantidad de aceras que orgullosas exhiben entre sus grietas no ya esquejes, sino más bien plantones, matas en un tris de llegar a árboles con su corteza y su copa dispuesta a acoger blandos nidos. Los barrios siempre un poco anarquistas de León están repletos de calles decididas a volver a ser campo, en las que en los intersticios del asfalto pugnan verdes vidas por alzarse y florecer, verse libres de plagas, convertirse en cosecha y alegres ritos de fin de la cosecha. Mandar ahora al servicio de jardines a talar esas formas espontáneas de vida sería cruel. Todas esas malas hierbas y verduras son supervivientes de la pandemia, igual que nosotros. Hacen la fotosíntesis y sangran si las cortan. A estas alturas, para esas calles uno pediría, como decía el clásico, codornices y liebres que terminen de otorgar armonía a esas esporpollantes eras.
Por otra parte, si hay que criticar algo, lo que no se entiende muy bien es que se haya creado el Parque de las Tierras Leonesas cuando tantas aceras estaban completando la regresión hacia su pasado de huerta, ejido, pradera, a la par que las calzadas involucionan hacia senderos. Parece un dispendio de dineros y de espacio, una competencia desleal de la administración hacia esa iniciativa privada fomentada por la lluvia y el sol en beneficio de todos.