Diario de León

MAR DE FONDO

El peor sordo es el que no quiere oír

Una persona lee mensajes en el móvil.

Una persona lee mensajes en el móvil.

Creado:

Actualizado:

Siempre hay voces leales, compañeros que alertan, que ponen sobre aviso, que advierten de los abusos y de posibles ilegalidades. Siempre. Y casi siempre, estas voces suelen acabar silenciadas, apartadas y, sorprendentemente, colocadas en el lugar de las poco fiables. Hay que tener muchas tablas en la vida para parecer lo que no se es. Después de la indignación por la corrupción y la conversación entre puteros, a las que parece que los españolitos de a pie estamos condenados, vengan del partido que vengan, porque casi ninguno cuenta con la decencia del cien por cien de su personal de confianza, a lo que más presto ahora atención es al escenario teatral que muchos y muchas tienen que montar para intentar demostrar que estaban en la inopia, que se acaban de enterar por la UCO o por la prensa, que nadie les advirtió y que nunca sospecharon nada de que sus manos derechas, sus nombres de peso y de confianza, en realidad eran unos puteros chorizos con malas formas propias de los matones. Son de libro. Lo raro es que sigan ocupando espacios de influencia. Así nos va. Ya le pasó al PP y ahora le vuelve a pasar al PSOE. Pasa hasta con los mejores novios.

Adriana Lastra acaba de denunciar una operación de acoso laboral liderada por el exsecretario de Organización del partido, Santos Cerdán. Según Lastra, esta campaña la llevó a presentar su dimisión, en un momento especialmente delicado de su vida: embarazada de cinco meses y medio y con problemas de salud. Dice que todo el partido lo sabía y todos callaron. También suele ser una práctica habitual. Luego llega la UCO, que es como el bumerán o el Karma, y todos ruedan en un sálvese quien pueda.

Confieso que me creí a la presidenta de Navarra, María Chivite, emocionada nada más conocerse el informe sobre las actuaciones de Cerdán. «Lo que he leído en el informe no se corresponde con la persona con la que he compartido mi carrera política, que es mi compañero de partido y mi amigo», dijo Chivite entre lágrimas. Y añadió: «No está siendo un día fácil». Un gran aplauso por una interpretación magistral. Ahora conocemos que Chivite hizo la vista gorda y permitió a la empresa de Cerdán incumplir una parte de un megacontrato de 76 millones para una obra de un túnel en Navarra. Pero Chivite lloró.

A Chivite, como a Pedro Sánchez o a Mariano Rajoy, seguro que les advirtieron de los desmanes y las irregularidades en algunos despachos, pero no quisieron oír, o lo que es peor, lo consintieron vete tú a saber si por miedo y amenazas, que nada hay que descartar en estos casos.

Nadie se cree que toda una estructura de un partido político desconozca lo que se cuece en sus cocinas. Todos los niegan, desde las facturas en diferido hasta la petición de perdón a la ciudadanía, el teatro no puede ser más patético. Y lo peor es que la sociedad está tan dividida y anestesiada que lo más grave parece nada. Una y otra vez.

Después de la corrupción y la conversación entre puteros, me interesa el teatro obsceno de la negación

tracking