El conejo de M.
Montoro tenía un conejo de chistera y juguetón que al verse ya de ministro a su equipo lo enseñó. Su equipo que era del Fisco y cultivaba ojos de oro le hacía leyes de cisco pal conejo de Montoro... ¡Montoro, Montoro, eeeel conejo de Montoro!... ¿A qué viene tanta perplejidad?, ¿quién se asombra ya?, ¿hay margen para escandalizarse otra vez siendo la enésima?... Tampoco ve necesario hacerlo el PP, bien al contrario, al alegar que no hay comparación entre este caso tan florecido en gobiernos de Aznar y Rajoy (algún eco bobo le llega a Feijóo) y la corruptanga que asfixia al sanchismo con organización criminal para delinquir en su partido (así dicen), pues con Montoro no aparecen mordidas, ni putas, ni queridas enchufadas en empresas públicas como con Ábalos. Lo dicen relajando frase y mandíbula para lavarse y desmarcarse, naturalmente. Mordidas, no; pero mordiscazos de tiburón, sí; y fabricando el dilito poniendo al Estado y al propio Parlamento de culo ante las empresas energéticas y con los pantalones legislativos bien bajados para que algunos, haciéndose comando y despacho, pusieran el cazo tras la tapia para cosechar la millonaria gratitud a blanquearse y navegar en una red de empresas y andamiajes societarios que han ido refugiando el trinque corsario por países y paraísos caimanes con impunidad en las alturas y silencios sumariales. De modo que lo de Montoro y su poblado gabinete «Equipo Económico» acaba en un Ali Babá en bragas, pero puede venderse como corrupción admirable, premium, dirá Rufián, y no cutre como la sociata, corrupción que crea riqueza yendo por la autopista de lo ilegal elegante, corrupción donde las putas no aparecen de catálogo ni en volquetes de parador o carretera porque seguramente ya eran de la familia y vestían de Dior o comían en Jockey para no tener que parecerlo y procurando no aparecer jamás en el Hola. Todo este afinar tan finamente lo da el tener pulida antigüedad en el oficio. O tener un conejo como el de Montoro. Pero aún hay quien lo ensalza como un eminentísimo ministro (esfuérzate, Sostres, pero ni así le absolverás de haber sido el Gran Trincón).