Diario de León

cuarto creciente

Carlos Fidalgo

Carlos Fidalgo

Una postal de Lana Turner

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María Luisa Picinelli era hija de una antigua taquillera del Cine Edesa de Ponferrada, nieta de uno de los heridos en el accidente del tren correo que en 1944 dejó cien muertos en las vías de Torre del Bierzo, y sobrina de otro de los trabajadores de los cines y los teatros de Adriano Morán. A finales de este invierno, María Luisa compartía a través de este periódico un puñado de fotografías inéditas del viejo Cine Morán donde la actriz Ana Mariscal estrenaba su primera película como directora una tarde de 1953. Imágenes que ilustraron un reportaje de la serie sobre la Ciudad del Dólar.

Mariscal se había convertido en una de las primeras directoras del cine español y acudía a Ponferrada para promocionar su largometraje; una historia deudora de la estética del neorrealismo italiano que tituló Segundo López, aventurero urbano. Y las imágenes muestran a una cineasta radiante, que posa con las taquilleras del Morán, con los vendedores de caramelos, los acomodadores, después del éxito de la proyección.

La madre de Picinelli también guardaba algunas postales firmadas de actrices y cantantes que actuaron en el Morán o en el Edesa como Irma Vila, Gloria Romero o la propia Mariscal. La más fascinante de esas postales, sin embargo, es la única que no tiene firma; una imagen de Lana Turner, la actriz de Hollywood que de vez en cuando viajaba a Madrid para recorrer tablaos y coctelerías canallas junto a su amiga Ava Gardner, otra diva del cine que durante un tiempo fue vecina en la colonia El Viso del empresario berciano Pedro Barrios Troncoso. ¿Estarían alguna vez la Turner y la Gardner en Ponferrada? Deducirlo por una postal sin firma, por una vecindad o algo más, sería demasiado arriesgado. Pero la imaginacion es libre.

Me entero de que María Luisa Picinelli falleció hace unos días en Salamanca. Que su funeral tuvo lugar en Ponferrada y sus restos fueron incinerados en la intimidad familiar. Entonces pienso en esas fotografías, en esas postales, en su madre, Luisa Lobo, que aprovechó el día libre en el Edesa para conocer a Ana Mariscal. Y me doy cuenta de que una parte de la Ciudad del Dólar, si alguna vez fue un sitio real, se ha muerto con ella.

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