Diario de León

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Un periodista puede ser tan mentecato como un político, un obispo, un fontanero o un abogado. Lo que parece que está muy claro es que al poder no le gusta el periodismo que no es partidario.

Al poder o a quien aspira al poder. El Gobierno de Sánchez ha aprobado proyectos legislativos que pretenden vigilar y sancionar al mensajero. Ya está bien de bulos, de pseudomedios y de «recortes de prensa».

Como ante la crítica todos se parecen, el presidente de Vox Santiago Abascal ha reprochado a periodistas que desarrollan su labor en medios públicos su tratamiento con respecto a los problemas de la inmigración: «¿De quién se ríen? ¿De los españoles que han perdido la tranquilidad en sus barrios, que ven que no les llegan las ayudas a la vivienda porque las reciben los inmigrantes, de las niñas violadas?».

Y lo mejor de las declaraciones del dirigente de Vox: «Esa sonrisa se la vamos a borrar de la cara». Como, además, a los obispos les ha recordado los ingresos públicos y la pederastia, comparto su perplejidad. No sé si veo más similitudes con Pedro Sánchez (por la prensa) o con Gabriel Rufián y Podemos.

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