Creado:

Actualizado:

Maravillan en la desesperación y rabiosa impotencia que siembra el fuego las razones y soluciones que se propalan para resolver y evitar lo ya inevitable: que nuestros montes son un polvorín —y más si vienen estas caloras infernales que sólo son prólogo de otras futuras aún mayores— tras décadas de abandono rural, creciendo así la masa forestal que se convirtió en la segunda mayor de Europa después de Suecia ocupando el 55% de la península, ¡la mitad!, aunque sólo el 38% de ella es superficie arbolada y el resto matorral, vegetación diversa y monte bajo, pura yesca creciendo en lo que antes fueron tierras de cultivo y devorando caminos y hasta fuentes. Y mientras Gobierno y oposición andan a gorrazos inútiles atizándose con tuits tremendos o graciosos o incendiarias ruedas de prensa, la extrema derecha (fenómeno infinitamente más urbano que rural) tiene campo abonado para cosechar voto en la ira y desencanto popular ante una política que naufraga en un caos desatado de manos atadas o demasiado libres para inventar cada cual su redención. Y ahí va Vox tirando de lo lírico y bucólico: que si hay que volver a viejos usos agrarios y ganadería extensiva con cabras que desbrozan, que si el ecologismo legislativo y protector piensa más en el paisaje que en el paisanaje, que si hay que devolver a los pueblos (vacíos) la gestión forestal, que ¡cagüen el Seprona que persigue a quien corte un piorno!, que si... y pintando un poético pasado difunto que halaga a la melancolía nacional, parecen prometer un futuro tan improbable como quimérico. ¿De dónde sacarán la ingente población que vuelva al campo para hacer eso posible?, ¿de dónde los 2.000 ganaderos y 10.000 pastores que traigan a esta montaña las 800.000 ovejas que la pastaron con una Mesta que antes quemó todo bosque para ampliar sus pastos?, ¿cómo volverán a hacer cerealista el invasivo monte bajo?... ¿y por qué se quiere ocultar que estamos ante una ruralidad nueva y un clima inédito?... En fin, sólo si se confina a toda política en el rincón de pensar hasta que acuerden un proceder común evitaremos aquello de «la esperanza es lo último que se... perdió».