Diario de León

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Por el azar que genera un mal ajuste de agendas, a mi única sobrina la bautizó un héroe. O si se prefiere, desde un punto de vista eclesial, un santo. Uno de esos hombres y mujeres que permaneció durante más de seis décadas en las profundidades de África hasta que, cuando su salud ya no daba para más, no le dejaron volver. En aquel respiro veraniego, en estas tierras, le comunicaron que su casa había sido destruida. Ya se sabe que, por su labor, se ganan enemigos entre esos a los que les gustaría aplicar el «ordeño» y mando sin nadie que cuestione sus criterios. Contaba que en África, al final, siempre quedaban los mismos. En cada emergencia, catástrofe o guerra llegaban los «paracaidistas». Pero que en el siguiente avión al que se iban los periodistas, marchaban los «cooperantes».

Al conocer que se prepara la declaración de zona catastrófica por el fuego miré de qué iba el tema. Y me invadió el temor de que se avecina un guion previsible. En menos de una década, tras aprobar la actual normativa, se han hecho 15 declaraciones de este tipo... ¡15! Por incendios, inundaciones, sequías, granizadas, nevadas.... Y el resultado es similar. Los del volcán canario siguen en barracones, los de la dana con el agua al cuello... resulta que cuando marcharon los oportunistas, se han quedado solas Cáritas y Cruz Roja, frente a la trágica crisis social.

El problema base está en la tolerancia sectaria hacia ese abandono, temo que interesado, que sucede en estos casos. El dinero ya se sabe que tiene sus prioridades territoriales. Afanes bastardos avalados por ese frentismo que se ha instalado en España como en ningún sitio. Muchos miran hacia las tierras de León para señalar al autor intelectual de este dañino estatus que convierte la sociedad, que debería ser una ensaladilla en la que cada cual aporta su sabor, en una permanente confrontación de bandos, donde cada uno está dispuesto a tragarse sin masticar los tropezones que sean —por muy duros que estén— para defender a los suyos. La izquierda radical ha perdido la calle, por mucho que digan. Como Pedro y el lobo. Aunque es cierto que siguen atrayendo a un cierto número de bienintencionados a sus periódicas concentraciones de puro borreguismo fanático, con venda en los ojos para tanto pecado de los propios.

A los pueblos del fuego les ha llegado Pedro Sánchez en helicóptero. Quizá sería mejor la visita de Calleja, porque al menos siempre hace algo...

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