Diario de León

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Maravilla ver al líder de Vox predicarse muy católico, dejar su vela a un lado y agarrar la estaca para atizar en mitad del solideo a los obispos que no estén de acuerdo con lo suyo, que no son tantos. Muy de España es lo de andar siempre tras los curas... o con velas o con estacas. Arremeter contra la Conferencia Episcopal por declarar que la constitucional libertad de culto es intocable (en ello les va lo suyo) y que el islamista tiene todo derecho a expresar públicamente su fe, le dan paradójicamente a Vox una renta electoral, según las encuestas, de 300.000 votos católicos haciendo papeleta su eufórica zapateta, ¡arsa, pilili!... Aún no llaman rojos o sanchistas a esos obispos, pero en la punta de la lengua lo mastican y no tardarán en hacerlo con chapa católica en su solapa luciendo así un lindo anticlericalismo que tanto conviene a quienes, diciéndose tal, ni practican ni asumen una fe que les exige fraternidad evangélica, solidaridad con los débiles y sed de justicia. Es aquello de «amaos los unos a los otros» que algunos entienden como «armaos los unos contra los otros»... y leña al moro hasta vaya a misa. De boquilla va su cosa, esa su fe tan católica, posturita, brillante ropón nazareno y poco más; les va el teatro cofradiero y la religión folklórica pregonándola como seña identitaria, racial, nacional y diferencial. Y si aborrecían al papa Bergoglio por alinearse con marginados, a León XIV le excomulgarán por reincidente en la defensa del emigrante y su denuncia de guerras, del capitalismo inhumano o del asesinato climático del planeta (¡lo que faltaba!, ¡un papa ecologista!). Y si Pelayo es para Vox el Moisés que nos pastoreó a tierras prometidas, lo verán también como legítimo héroe anticlerical cuando sepan que, tras autoproclamarse rey en Covadonga, cogió tras la zarracina al opispo don Oppas que acompañó a la moraima intentando disuadir a los sublevados, le puso en la cabeza una mitra ardiendo y lo despeñó en la Garganta del Cares, tal cual, ¡ahí va Caín!, y así se bautizó el sitio. También se dice, aunque no está probado, que en aquellas peñas apareció esta pintada: «Asturianu, católicu, solidaridá... matai algún obispu».

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