CUERPO A TIERRA
La planta de biomasa
Tras tantos meses padeciendo esa expropiación de las calzadas al rodar de los automóviles que denominan calmado del tráfico, uno considera que más necesario que el calmado del tráfico, quizá sea el calmado del alcalde, ponerle algún freno a esas ínfulas 2030 cuya implementación se ha tomado tan a pecho que parece que fueran ideas suyas. No está claro que haya desarrollado tanto el programa de gobierno con que se presentó a las elecciones como esa agenda en principio elaborada por las naciones unidas, aunque bastante sospechosa de haber sido dictada por las altas elites del capitalismo que durante décadas han esquilmado con sus negocios los recursos naturales del planeta hasta un punto en que, según sus propios informes, ya no es que esté amenazada la biodiversidad sino la biocontinuidad humana. Esto no lo dicen en ningún sitio, no vaya a desatarse el pánico del Titanic, pero se desprende de que andan sacando billete para huir al espacio exterior y establecer colonias en algún planeta más o menos compatible con el crecimiento continuo y sin frenos morales que cotiza en la bolsa de Nueva York. Uno piensa que va a faltarles mano de obra extraterrestre, aunque lleven con ellos al servicio del hogar, para seguir generando riqueza, pero la manduca la tienen asegurada con la carne criada en macetas y las proteínas de insectos cultivados.
Media legislatura lleva ya con la misma matraca el gobierno «socioleonesista» y uno espera que la parte contratante de la segunda parte, el leonesismo muleta o subalterno, haga algún gesto de oposición a tanta peatonalización al haberse traspasado el meridiano hacia las próximas elecciones. Porque con el único que han hecho se han equivocado: tiene razón el alcalde al apoyar la planta de biomasa que promueve la autonomía. Que Mañueco y Diez coincidan en algo ya es algo extraordinario, pero es que si las plantas de calor fueran peligrosas no estarían en el centro de ciudades como Berlín, Cracovia o Barcelona. Son los intereses de los grupos de poder del gas quienes siembran la cizaña entre los vecinos en una tierra que, como la nuestra, es de por sí reacia a cualquier novedad. La planta que rechazó Navatejera por «insalubre» se construyó en Valladolid, justo al lado del Centro Cultural Miguel Delibes. Casi veinte millones de inversión que volaron a la capital invisible de la Unión. Ahora son casi setenta.