Diario de León

cuerpo a tierra

Antonio Manilla

Antonio Manilla

Quijoterías

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Aduce nuestro filósofo de barrio Platón, aunque aún no ha dado el visto bueno Eduardo Aguirre, que nuestro alcalde le parece aquejado por el sentimiento quijotesco de la movilidad, el cual sostiene que, cuantos menos vehículos, más aumentará aquella, bajo el impulso de la zapatilla y la tracción humana. Si hay algo que está probado en las quijoterías es su carácter personal e intransferible, así que lo extraño en este desaforado empeño peatonalizador es la connivencia que halla entre los concejales, propios y sobre todo leonesistas, a los tampoco nos atrevemos a llamar ajenos. ¿Se han contagiado de esa ilusión que promueve la Europa del progreso ininterrumpido? ¿Les han secuestrado el juicio? ¿Acaso piensan que, eliminados de las calles los caballos de los motores de explosión, va a repartirse su cebada entre los concejales?

Que los miembros locales de una formación que se ha aliado para gobernar el país bajo el impulso «woke» terminen abducidos por los cantos de sirena de la agenda 2030 entra dentro de lo normal, al menos en aras de las providencias perpetuadoras de Pedro. Que los representantes de un partido que aboga por la resurrección leonesa, por el lazarismo de una tierra abandonada a su muerte, se alineen con las medidas paneuropeas de una administración que acabó con la minería, aboca a los ganaderos a engrosar las listas del paro y despuebla activamente con sus disposiciones la España pedánea, es incomprensible. Insiste Platón: ¿considera el leonesismo municipal que la capital forma parte del cogollo rector del cambio? ¿Qué son parte interesada en la economía que aspira a erigir un nuevo rumbo para el mundo? ¿Tanto costará reconocer que, si históricamente hubo un tiempo en que fuimos mucho, ahora no somos ni siquiera parte contratante de la segunda parte?

Alguna vez hemos escrito que quizá todo el problema procede de mirarse demasiado en el viejo retrato al óleo y poco en el fiscal espejo. Lo volvemos a decir porque, aunque haya brotes verdes de ese esencial realismo que consiste en fijarse en lo que hay y es, continúan existiendo comportamientos políticos inexplicables, que obligan a repetirnos. En la Europa del progreso por capas o «Europa PhotoShop», León no es geografía contaminante en humos sino contaminada, sobre todo por vastas superficies inundadas de agua y palas aerogeneradoras, contaminación blanca. «Me parece», remata nuestro filósofo, «que en el leonesismo sobran comulgantes con ruedas de molino».

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