Diario de León

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Mujer de surco germinal, mujer rural, mujer de campo infinito o huerto chico, mujer con jamosta al cuello, mujer al yugo, mujer de pueblo quemada en soles y heladas, mujer a parir y criar, mujer de cocina o siega, mujer de guardar y defender, mujer de destino cautivo... «me casé con el pastor pretendiendo ser señora y al día siguiente me dijo ¡coge el cayado, pastora!»... mujer de tierra y agua, de soles y noches mudas fertilizando vida... Te asignaron el pasado día 15 un «día internacional» para lavar en jornada fugaz un olvido obsceno y la culpa de que todos los demás días volverán a serte cárcel de silencios con unas miradas que seguirán volcadas en el fulgor femenino que habita y brilla en teles, trapos, papeles, cines, músicas, pasarelas, lujos, modas, bellezas, afeites, gimnasios, estilos, consumos... y tú, en tu pueblo, ahí donde el silencio es placenta estéril y la soledad un mordisco de la despoblación que no cesa.

Mujer dueña del fuego y lumbre de la vida, del lar que será el comer y cocinar, de la cuna que viene con panes, de la escoba que es tu tercer brazo, del reguero de lavar la vestidura esclava, del corral y el ganado menudo, del desvestirte tú para vestir a otros... dueña del no parar amaneciendo la primera y cerrando el día de noche tumbada... ¡cuántos verbos hechos rutina consabida para que no valgan el aprecio y su tamaño!: fregar, coser, segar, acarrear, atender, cocinar, criar, curar, sanar, ahorrar, labrar, limpiar, tejer... Ya de la mujer astur que retrató Estrabón te vino aquí la condena: tú sola al arado, te viene dolor de parto y ahí mismo pares, arropas a la criatura que dejas a salvo en un arbusto y vuelves al arado porque tu hombre está ajeno y a lo suyo o lejos en cazas y guerras o buscando el jornal que el sitio niega... pero tú, clavada ahí con fierros al lugar, enhebrando futuros soñados e inciertos... Sin ti, mujer de campo, no habría mujer urbana ni princesas en palacio. El pan que comemos sale de tu espigar y la leche que mamamos para robustecernos salió de tus pechos. Eres la madre de lo que somos y que olvidamos para no pagártelo. Derecho tienes a maldecir esta limosna nuestra de un «día internacional».

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