El Guggenheim de El Bierzo
Hace un siglo, El Bierzo tuvo un sueño. Fue Julio Lazúrtegui, para ser precisa, quien imaginó una Vizcaya en El Bierzo. Se trataba de transformar el carbón en acero, como ya hacía en los altos hornos vascos, además de surtir a la primera central térmica para producir electricidad. El sueño de Lazúrtegui se durmió en unos terrenos, comprados al pueblo de Ponferrada a precio de ganga, hasta que la fiebre inmobilaria de los años 90 los convirtió en La Rosaleda, un rico pastel que ha definido toda una era política —el virreinato de Ismael Álvarez—, económica y social.
De lo que vino después, aparte de la primera condena a un político por acoso sexual, que aún colea en las resistencias patriarcales de la ciudad, la Ciuden fue otro trasunto de sueño hasta que el Gobierno de Mariano Rajoy cortó sus alas. Tiene gracia el ahinco que pone ahora Ester Muñoz en reclamar los proyectos pendientes en León, cuando fue en este mandato del PP en el que, yendo al otro lado de la provincia, allá por 2011, se cerró el ferrocarril de Feve entre León y La Asunción (y lo quieren cerrar con Bilbao) para unas obras que, ya hechas, siguen sin devolver el trenuco a la capital ni tiene pinta de que lo hagan el PSOE de Javier Alfonso Cendón ni el ministerio de Óscar Puente.
Vuelvo al sueño berciano. La MSP fue la promotora de la primera central térmica con el ferrocarril minero de Villablino cargando carbón por toda la cuenca del Sil. La Fábrica de la Luz, hoy guardiana de la memoria minera, y la Térmica Cultural, heredera de la central térmica Compostilla I, donde nació la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa) en 1949, tejen un nuevo sueño con reverbero más allá de la provincia. Y no porque Pedro Sánchez y sus ministros y ministras se hayan dado un baño en el jardín del Carbonífero que crece en la parte de la vieja térmica abierta al cielo en el cónclave el cambio climático.
Mucha gente se ha acercado a La Térmica Cultural en los últimos meses y, especialmente en las últimas semanas, a disfrutar de una curiosa exposición de Sorolla en la sala de Condensadores. Una colección de 40 obras del pintor valenciano que, sin ser las más conocidas ni apreciadas, han acercado el trabajo que desarrolló para la Hispanic Society of America y han regalado la ilusión de sumergirnos en el Mediterráneo con una experiencia virtual trepidante y divertida.
Joaquín Sorolla se detuvo en León, en el antiquísimo mercado de la plaza Mayor que tan poco bien trata nuestro ayuntamiento capitalino, al igual que en la Catedral y en Astorga, en aquel tiempo en que la fábrica de la luz se erigía como un faro de la nueva Ponferrada. Tradición y mordenidad se daban la mano en un tiempo de entreguerras en que el maquinismo influyó en las vanguardias. En la sala de Turbinas se agitaron este verano los palos del flamenco en Bierzo al Toque. Tomatito, Pepe Habichuela, Alba Heredia... La Térmica Cultural es un espacio en una gran comarca que merece aún más. Puede ser el Guggenheim de El Bierzo.