CORNADA DE LOBO
Haz el arrendajo
Propósito de enmienda: hacer el arrendajo. Y lo harás ahora que León explota en un gran espectáculo que te pierdes en lo gordo. Es el otoño, borrachera a todo color, sabor, fulgor y calor de leña. Es la sazón despidiendo un verano alargado que pide descanso invernal para coger nuevo impulso. Detén tu prisa y contempla. Mira hacia atrás... y piensa hacia adelante. Dale un mordisco al aire y masca el otoño. ¿Hay mejor noticia que haya vuelto? Aquí el otoño y su bellísima melancolía. No por repetido es menos nuevo. Sólo falta que llueva algo más para mullir la nariz con el acre olor de la hoja muerta y de la tierra esponjada, harinoso aroma de moho, hongo y semilla que pudrirá su cáscara intuyendo un calor que ahora se va, pero volverá. La vida es una noria. Y te lo dice este otoño muriendo con la incontenible belleza que siembra la paleta de un pintor enloquecido, otoño borracho hasta en paramera penitencial. Y delirio en colores al trepar por laderas de hayedo y peña, por tupido robledal o brezal rezador y hasta en los sudarios negros que tendió el brutal incendio de meses atrás, sudario sobre el que ya ensaya resurrecciones un insolente verdor. Y aquí es donde entrarás también tú haciendo el arrendajo. El arrendajo es un bello córvido de nuestros bosques (pardo canela, blanquinegro en cola y alas con plumitas acebradas de color turquesa son su seña), ave previsora que entierra su alimento de bellotas, hayucos y semillas para que no le falte despensa en lo crudo del invierno. Ocurre que no siempre recuerda todas las que enterró y, así, las que olvida se convertirán en nuevo retoño forestal. Ese papel del arrendajo te obliga hoy más que nunca. Coge bellotas y semillas, majolinos y tapaculos, brunos y endrinos, llena tus bolsos y vete enterrándolo todo en tu campeo, elige lugar idóneo y húmedo, dispérsalas aquí y allá... Esos montes desolados de los que huyó el arrendajo —también la urraca que hace lo mismo, amén de toda la pajarada— espera que suplas su ausencia. Y así el otoño podrá seguir siendo promesa allí donde se la robó el fuego y nuestra desidia. Lo dicho: mira hacia atrás, pero piensa siempre hacia adelante.