Diario de León

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Pues ahí está otra demostración empírica de cómo la carga argumental descansa en la opción de que nos tratan como a retrasados: de averiguar lo que habían robado y cómo se había robado desde obras públicas y aledaños, llevamos la tertulia a la hora en la que metieron la mano; si fue invernal o veraniega, si corren las chistorras mejor cuando la salida del Sol coincide con el inicio de la actividad diaria, o los biorritmos de la siesta te hacen bostezar con la propaganda política de la sobremesa; y así. El rebaño se lanza desatinado detrás de los pastores, a ver quién toca con los dedos de la mano la punta de los pies, y otros ensayos orwelianos. A falta de inversiones, el sanedrín del PSOE en León será cumbre del cambio hora, como el climático, con sus ponentes, y sus mesas de debate; el nuevo hombre resiliente ante los retos del huso horario, o las bajas emisiones según la sombra del reloj. Van a acabar con el único aliciente que teníamos los leoneses con esto de atrasar la hora cada última fiebre de sábado noche de octubre, que ensalzamos por acercarnos un poco a la situación social, económica y vital que nos dieron por castigo en 1982. El otro era cuando el ajuste te pillaba en el tren, y a las tres eran las dos, y era la única forma de que te saliera a devolver el trasiego a Barcelona; hasta eso nos quitaron cuando se llevaron por delante los nocturnos, que enseñaban el país entre un tacatá de velas y luces lejanas en medio de la oscuridad que diluía siempre un nuevo amanecer en el Mediterráneo. Esa noche, se salía a pierna suelta, porque se dormía una hora más, decían los expertos en cogorzas y en cómo despejar la resaca sin disolver tres couldinas en el botijo. No hay que olvidar que esta maniobra de poner las agujas del reloj en orden al consumo energético en León se enjugó mejor cuando el tempo y el tiempo de la provincia leonesa se puso en manos del claxon del landrover del pan; la hora del panadero. Ahórrese cualquier expectativa con la próxima visita del patrón Pedro Sánchez a León, la quinta en dos meses; no se va a tomar ni la molestia de atrasar el reloj para ponerse a la altura de la gente; ni de la que le regaló el voto.

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