Diario de León

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Huyendo de lo espectacular y lo sensacional que suele esperarse de un cargo de tanta resonancia mundial, el obispo de Roma, vicario de Cristo en la Tierra, Pontífice y Santo Padre de la Iglesia católica, apostólica y romana —il papa Leone XIV, per abreviare— no da muchos titulares como si persistiera en un ir yendo «a la chita callando», decepcionando a la jerarquía carca que se las prometía viéndole adoptar viejos ropajes o posturas tradicionalistas... o impacientando a la progresía feligresa que esperaba tajantes decisiones en cuanto a la ordenación de mujeres, matrimonio gay o revolución financiera vaticana. Es como si el norteamericano y peruano papa Prevost siguiera «ad pedem litterae» el viejo consejo cazurrote para mejor gobernarse en la vida y obtener objetivos o éxito en cualquier trance u oficio, a saber: Pisada de buey (paso sólido y firme), ojo de halcón (saber mirar a lo lejos), diente de lobo (aún por ver en dentellada, pero asomando en comisura) y hacerse el bobo (que parezca que en lo grave o conflictivo no entiende o no atiende).

Ha tardado un año, por ejemplo, en enfrentarse abiertamente al problema más escandaloso de la Iglesia, la corrosiva pederastia que horroriza y ahuyenta, recibiendo este martes a miembros de la organización «Ending Clergy Abuse» (terminar con el abuso del alero), su primer encuentro con víctimas de abusos sexuales en la Iglesia del que han salido satisfechas. Tampoco se dio prisa, aunque no da pausa, en seguir la iniciativa de Francisco para desmantelar el Opus y su gran poder, al igual que sujetar a los Kikos o acallar los movimientos sectarios y reaccionarios surgidos en la catolicidad. Y lo mismo que este domingo hizo santos a dos venezolanos, le exigió a Maduro abrir sus cárceles y dejar libres a los presos políticos, haciéndose el bobo y enfureciendo al chavismo aquel, lo mismo que también encolerizó a Netanyahu por sus masacres... mientras la lentitud del buey y el ojo de halcón llevarán a León XIV a convocar en dos o tres años un Concilio que dará un vuelco impensado a la fe viejuna y cómoda. Esto sospecha don Saturnino.

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