Sopa de culebras
Maravilla ver el orgullo heráldico que adorna a troche y moche el Palacio de los Guzmanes de esta ciudad, cuya edificación encargó al arquitecto estrella de entonces (Gil de Hontañón) el obispo Juan de Quiñones Guzmán, hijo del leonés Ramiro Núñez de Guzmán, que llegó a virrey de Nápoles y fue cabeza principal de su linaje... y de los comuneros en León, ciudad y reino cuya mitad fue comunera con todo su clero, mal que le pese al leonesismo que ignora o desprecia lo comunero y la Guerra de las Comunidades perdida en el campo de Villalar. Ese escudo se lo dieron originalmente los Pérez de Guzmán, inquietante heráldica representada por una caldera de la que salen seis serpientes, tres por cada lado. ¿Quién pone eso en su escudo?, ¿sopa de culebras se cuece ahí?, ¿quién elige a seis bichas por seña de nobleza? Lo curioso es que antes de caldera culebrera, los Guzmán tenían por armas en su escudo anterior un castillo derruido en llamas porque sus enemigos históricos, los Quiñones, no dejaban de arruinárselos e incendiarlos. Curioso, ¿hacían los Guzmanes de lo innoble su seña de nobleza? Sentido del humor que no falte. Volvamos a ese Palacio de los Guzmanes que con bufa floja llamé «de los Gañanes» por su tufillo provinciano. Cuando Felipe II supo la burrada de quintales de hierro con que mandó enrejar el obispo Quiñones sus ventanas bajas y balcones, dejó para el cronista la célebre frase «en verdad mucho yerro (error) me parece para un obispo», obispo algo culebrero y carlista imperial que cambió de orden sus apellidos (bautizado «de Guzmán Quiñones») para sacudirse lo comunero que recordara el apellido de su padre que, sin duda, se revolvió en su tumba, aunque en sus finales quiso reparar tal traición devolviendo a los Guzmanes el nombre de su palacio y rivalizar así de nuevo en pompa y poder con los odiados Quiñones que, todo hay que decirlo, parieron macarras inútiles como el don Suero al que aún honramos aquí como paletos desmemoriados. Y ahí siguen esas culebras guzmanas como símbolo de la astucia con que hay que luchar contra idiotas y maldiciones.