Diario de León

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A veces, en televisión escuchas afirmaciones que llevan a preguntarte si entendiste bien lo que han dicho. Hablan en tu idioma, pero te hacen dudar. Y concluyes que, sí, que has entendido… pero tu mundo es otro. Aseguró Isabel Preysler en su entrevista con Pablo Motos que cuando te enamoras no puedes hacer otra cosa que vivirlo. Vale, casi siempre es así…. pero hay reglas de conducta. La voluntad y la conciencia no desaparecen en el enamoramiento, pues también el amor ha de regirse por la rectitud. Por ello, a veces, la renuncia es la máxima prueba de que lo sientes. Sin duda, la noche de su épico adiós, Rick volvió a pedirle a Sam que tocase su canción, incluso aquella otra de los Bee Gees; How can you mend a broken heart (¿Cómo puedes curar un corazón roto?), pero luego durmió con la conciencia tranquila. Hizo lo correcto, porque amaba. El amor te mejora, pero amamos tal como somos; y se rige por el bien, ignorar esto es una de las raíces del machismo. Si no te convierte en tu versión mejorada, entonces, no puedes llamarlo amor. Si no es tuyo, no lo cojas; y esto debería enseñarse en casa, pero también en los colegios e institutos. El machismo no es amor.

A mediodía del pasado sábado, se nos acercó a Marta y a mí un señorín envuelto en una gran bufanda de la Cultural; no había que ser el Aristóteles de León para adivinar que iba al estadio de fútbol. Marta le dijo: «¡¡Ganaremos!!» Y él vaticinó: «Pues como usted quiere que ganemos, señora, hoy vamos a ganar». Perdimos, otra vez será. A veces, querer no es poder. Eso sí, la mañana del domingo, avisé algo farruco: «¡Ojo, no quieras que gane el Barça al Madrid, no vaya ahora a funcionarte!». Perdieron los suyos, ganaron los míos. Y dije a modo de consuelo: «Hombre, mujer, para partidazo un servidor».

Mi lectora centenaria estará elucubrando: «Aclárese, Aguirre, si no va a leer las memorias de Isabel Preysler, ni las de la Bárbara Rey… ni tampoco, el último Planeta… ¿se está reservando para las de Paquirrín?». No le terminan de salir, pero él calcula que para el 2080. Sobrecarga de musas, quizá. Pero tampoco las compraré, dejaré que me las regalé un enemigo. Más que nada, por saber si al mozo lo llamó su madre y el qué. A saber.

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