al trasluz
Con alegría y coraje
Cuánto estoy disfrutando de la lectura-relectura de Sobre la belleza humana (Eolas, 2016), del leonés Alfredo Marcos, catedrático de Filosofía, en la Universidad de Valladolid, e hijo de quien fue director de este periódico desde 1964 a 1973 (buen periodista, hombre bueno). El libro lo descubrí en la biblioteca de unos amigos. Fue verlo allí y preguntarle: «¿Quién eres tú!», como quien habla a un gatín que asoma. Pequeño y breve, pero catedral de papel. Leí su primera línea: «El ser humano pastorea la belleza». Qué bello arranque, me dije. Un excelente escritor, pero ante todo un filósofo que reflexiona con hondura sobre la ascensión y caída de la belleza humana, entendida como virtud. Y no la da por perdida, aunque sí en riesgo, en medio de tantos sufrimientos que asolan al mundo. Pedí prestado el libro. Soy del viejo estilo, creo en la misión. Lo vi, nos vimos. Por algo sería, ¿no? Ya me he tomado un café con su autor; nuestra pequeña ciudad permite esta clase de citas, ¡intente el lector quedar con Aristóteles en Atenas! Tuvimos una grata conversación. Estudia desde hace años la relación entre neurociencia y filosofía, colabora en un proyecto europeo sobre la «tecnovirtud», para determinar cuál es el buen uso —en términos éticos— de las nuevas tecnologías, entre ellas la inteligencia artificial.
«La educación en valores es totalmente inerte si no se complementa con una educación en virtudes. Y las virtudes solo se pueden aprender con la práctica», escribe Marcos. Lo sé, lector, todo indica que los nuestros no son buenos tiempos para la belleza humana, que es mucho más que un exterior físico, pero ¿cuándo lo han sido? Sigamos luchando por ella. Este libro aporta esperanza, además de pensamiento filosófico crítico expresado con nitidez. Propone una educación en la «confianza cósmica (…) que permita atisbar la voz de un Creador providente». Dotar a los niños y a los jóvenes de una herramienta de «alegría y coraje». Marcos no vive en el interior de un barril, sino en nuestro tiempo.
Sí, misteriosa es la forma en que algunos libros llegan a nosotros. Lo vi en casa de unos amigos. Me vio, nos vimos. Y además ya no tendré que devolverlo. La amistad es belleza y regalo. O sea, virtud.