Diario de León

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Los mayores, al hoyo... y los demás, al bollo. Ahí van la lágrima y el reír como juntando dos mundos. Hoyo y bollo. Este es el «día de». De ir al cementerio es más partidaria la gente mayor que mocedad alguna. A cumplir al camposanto van unos, mientras la fiesta ajena e importada del Jálogüin inunda como peste comercial todo establecimiento, calle, ridículo carnavalito tétrico y jolgorio... el bollo, el truco.

Unos vuelven a palpar la muerte en recuerdo hiriente que resucitan limpiando tumbas y floreándolas y otros juegan a reírse de la Parca creyendo que así la exorcizan dando coces contra un aguijón inevitable, única certeza en la vida. Pero late cierta paradoja en el siempre contristado recuerdo de los difuntos, cuyo día establece la liturgia católica para el 2 de noviembre, aunque el absurdo lo celebra en tumulto un día antes, el 1, el de Todos los Santos que, por juntarse en pelotón la corte celestial en pleno, debería ser el más grande de todos los días del calendario moviendo a explosivo júbilo festivo más que exaltar floripondios, cementerios y lágrima ritual. Y así, el Día de los Fieles Difuntos pasa de largo, sin sustancia alguna, y los pobres muertos se deprimen con tanto silencio viendo empezar a marchitarse las flores del día anterior. Sólo antes, y en algunos pueblos, sonaban ese día las campanas con «toque a muerto». En Caleruega, Burgos, las oí sin cesar toda una noche hasta el alba con algún mozo o monago esclavo del badajo todo el tiempo y atribulando así el sueño de los lugareños para recordarles que en el dormir ensayamos siempre la muerte.

Lo que se olvida es que los celtas (y de ahí venimos) celebraban su unión con los muertos el día del Samhain, que iba de la noche final de octubre a noviembre dando por concluido el verano, las cosechas y el año, montando lo que hoy llamaríamos un magosto en sus cementerios para dar palique a los difuntos y trabajarse los vivos lo del polvo. Que la religión viniera después robando rito o fiesta y cristianando lo pagano fue lo usual. Los dioses siempre plagian y se sisan. ¿Y quién fue aquí el dios idiota o paleto que plagió lo del Jálogüin?...

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