Diario de León

al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Valiente y alegre

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Asistí a la conferencia de José María Merino y hoy no me pierdo la que imparte Darío Testi: La batalla de Lepanto, 1571. La victoria táctica de la armada española. Cervantes perdió la movilidad de la mano izquierda y le quedaron cicatrices en el pecho. «La más alta ocasión que vieron los siglos y aun verán los venideros», le espetó a Avellaneda. Lepanto y Argel fueron dos pilares de su existencia, como hombre y como escritor; pero ni las batallas ni los cautiverios terminan cuando han concluido. No solo fue héroe militar —sin necesidad de convertirlo en Superman áureo-, también lo sería del humor; las penas no destruyeron su alegre mirar, que ya anciano admitió aún mantener; al contrario, le dotaron de compasión, esencia de la comicidad cervantina. Tengo la convicción de que antes del combate, tras rezar hizo una promesa y la cumplió. Si con tu misericordia haces que salga de está… Qué aterradores los cañonazos, el mar, los lelilíes —gritos de guerra de los moros-, la carne quemada y las mutilaciones. Cuántas promesas íntimas de los combatientes, también de los enemigos —aunque, como español y europeo, celebro el triunfo de la cristiandad-. Ya ven, algo más que tenemos que agradecerle a Cervantes, aunque la batalla no la ganase él solo. En el Quijote escribiría acerca de la dureza de los combates marítimos; aunque diferenciemos autor de narrador, cabe intuirlo autobiográfico. Esta obra tiene mucho de reflexión explícita e implícita sobre el heroísmo, el personal y el colectivo… más la melancolía de lo que pudo ser y no fue. ¿Por qué hay personas a quienes no les amargan las penalidades? La respuesta no es porque estas no son tantas, sino porque tienen escudos protectores. La fe, por ejemplo. La conferencia de Testi, organizada por Sofcaple, tendrá lugar en la Biblioteca Pública de León, a las 19 horas.

Cervantes no necesita más «romantizaciones» biográficas, basta con la noble y simple verdad: fue héroe, como soldado y como cautivo. Dicho esto, no todo puede ser achacado a redaños y suerte. Hubo de tener noción de que había sido salvado, no solo de haber sobrevivido. ¿Cuál sería su promesa? ¿Acaso, que sus ojos permanecerían alegres? ¿Que nos haría reír? Llámalo humor cervantino.

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