Diario de León

FUERA DE JUEGO

¿Otro traje nuevo al Emperador?

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Si alguien tenía dudas sobre que estamos sumidos ya en la precampaña del próximo ciclo electoral —que será tan insoportablemente largo como hostil— que recuerde los sucesivos episodios del cuento del Emperador. Ese teatro al que le hacen repetitivos trajes nuevos que se asemejan al que detectó el niño de la fábula. Ya se sabe que las verdades siempre las dicen los mismos, aunque no gusten. Lo de «el emperador va desnudo», que pronunció aquel pequeño, desveló toda la patraña, el pesebrismo y la cobardía que llevaron al monarca a pasearse sin el presunto traje nuevo —o sea sin ropa— por las calles de su reino.

Ahora, nos quieren hacer ver que van a vestir al santo. Pero las visitas de ministros e incluso las explicaciones de arquitectos suenan a burla. Y más con cita electoral a la vista. Hasta que se ponga el primer ladrillo la cosa ya no cuela, como tampoco en el Hostal de San Marcos, la plataforma logística de Torneros, la vía de Feve, la Ronda Norte, la autovía a Orense, la de Valladolid, el parque agroalimentario del Bierzo, la terminal del aeropuerto, el nuevo ferrocarril del Manzanal.... y ese largo listado que volverá a pasearse por los titulares durante las próximas semanas, en una especie de desfile de cadáveres que vale como remake de lo ocurrido con Felipe El Hermoso hace cinco siglos. Traer otro arquitecto al Emperador supone una burla si se recuerda que existe un proyecto ya hecho en su día por Peridis, al que ni siquiera se le pagó por su trabajo.

Cuando existe voluntad política no hacen falta estudios de viabilidad ni trampantojos para encubrir la inacción. Vale como ejemplo lo ocurrido con la estación de la ciudad natal de Óscar Puente. El pulso del ministro de Transportes, con el alcalde que le ha sucedido en Valladolid, ha puesto en verdadera alta velocidad la construcción de la flamante y millonaria estación. En nada todo es un hecho. Lo contrario a episodios de filibusterismo político como la autovía a Orense, a la que nunca terminan por llegar las máquinas.

Cuentan que en una ocasión se escuchó en un mercadillo que una vendedora, harta de su rival situada enfrente, le echó la peor de las maldiciones: «ojalá te entren los albañiles en casa». Aquí, quizá la maldición es que nunca terminan de llegar...

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