Los bombilleros
En la acera de un chino de aquí se alinean varios tipos de arbolitos falsos de Navidad y el verde ya no es lo que manda en el engaño, otros colores van a nuestra Feria del Simulacro: rojos, blancos, azules... aunque ver uno rosa furioso y chillón nos dejó conjuntivíticos y nos hizo plato el ojo... ¿quién puede plantar en su salita esa tortura aberrante?... pues si el chino trabaja esa mercancía, es que hay cliente; y podría decirse que con lo que se vende en un chino sale el retrato de un país; tanta chorrada en sus estanterías mide cuánto de hortera es la peña y su tamaño, realidad que deprime. Lo más contagioso en esta vida es el mal gusto. Y a más masa y feúra, disculpa servida. Lo saben y demuestran los alcaldes de Vigo a Algeciras copiándose todos ese arbolito que ya no es siquiera el abeto de tradición importada, sino un geométrico y enorme cono metálico de lucecita esparramá en chirivitas de colorín epiléptico, una epidemia el puto cono, peste simbólica, conos y conos que beben y beben kilowatio, ¡coño con el cono del Bendito Niño en sus pajas!... y aquí se nos plantan todos midiendo ahora el espíritu navideño en lucecitas... a miles, a millones, exagerando y despilfarrando presupuesto por ver quién es el Alcalde Más Bombillero... y porque así, encendiendo lucecitas y mil adornos piruleros disimulan mejor la ausencia de un auténtico espíritu navideño que se nos fuga avergonzado y barrido por un sunami de infinito mal gusto pedorri... mientras una Navidad de Caín en un país que vuelve a regustarse en trincheras nos promete en bandeja dorada la gran Fiesta de la Hipocresía. Hacia Belén va una burra, rin, rin, cargada de inflagaitas y soplapitos. Y entonces la Mentira se hace reina y madre de este gigantesco vacío, mientras la Navidad se nos reduce a las tiendas para que el Niño Dios nazca cada noche en el Carrefú o el Cortinglé sustituyendo al que vendieron con gorrito el día anterior tras calzarle unas nikes de leñazo a cuenta y taponarle la oreja con unos casquitos (rosas)... y ande, ande, ande la Marimorena, ande detrás de un misterio que se hace enorme porque ya sólo es Navidad para quien pueda comprarla... y todo lo demás, trampantojo y pantomima.