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Estas son las cuatro películas preferidas del papa: Qué bello es vivir (Capra, 1946), Sonrisas y lágrimas (Wise, 1965), Gente corriente (Redford, 1980 y La vida es bella (Benigni, 1997). Usted habrá visto muchas veces las dos primeras y la cuarta, pero no tantas la tercera, el primer film dirigido por Robert Redford: la historia de un matrimonio que se derrumba porque ella no logra amar a su hijo, tras la muerte del preferido en un accidente y del que culpa al que sobrevivió. Recuerdo su final, que me impactó: el hombre abandona a su esposa y se lleva con él al hijo, para curarlo mediante el amor. Mereció cuatro óscares. Seguro que la preferencia personal del papa tiene una razón religiosa muy bella. Las cuatro tienen que ver con la familia, y permanecen en nosotros una vez han terminado. Tres nos hablan de los lazos indestructibles del amor ante la adversidad; Gente Corriente de unos lazos familiares rotos por un dolor convertido en resentimiento. ¿Por qué le gusta tanto al papa esta gran película? Con lo esencial nos relacionamos mediante la identificación o mediante el rechazo. Muchas de las viejas películas que amamos pertenecen generacionalmente a nuestros mayores. «Esa la vimos tu padre y yo cuando éramos novios», era una de las frases características de mi madre, ante «el televisor. En fin, conocí a Marta en una conversación acerca de Las amistades peligrosas.

Con Cervantes hemos aprendido que la religiosidad no es tema, sino mirada. Todo es religioso para un creyente, en efecto, sea por identificación o sea por rechazo. ¿Hay algo más cristiano que un adulto desternillado como un niño?

El pontífice también destacó Roma, ciudad abierta (Rossellini, 1954) y La strada ( Fellini, 1954). Me atrevo a recomendarle que vea Bienvenido mister Marshall (Berlanga, 1953), película tocada por la alegría de vivir en tiempo de adversidad y penuria. Seguro que nuestra gente corriente le ilumina el rostro con eso de «americanos, os saludamos con alegría». Qué grande nuestra España corriente, nunca vulgar sino sencilla. Y como sigue la tonadilla: «/olé, mi madre/ olé, mi suegra/ olé, mi tía…». Y las del papa. Y las del lector, también. Feliz Navidad, a los vivos y a nuestros muertos.