Diario de León

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Vuelven a casa, vuelven... y entre tanta tropa, ¿quién no tiene un cuñao listorro, latiniculto o malafolla?... aunque hay algo aún más temible: el cuñao de tu cuñao, el que se apuntó de rondón por no conocer este León que aún no mata al gorrón (y ganas nos quedan después pendientes). Fue el caso. De Guipuchi él. Ni le tosas. Y con chapa de la Real creyendo que aquí habría partido. El cuñado cercano, el de nómina, siendo leonés y puesto en prevención, se calzó camiseta de lata modo coraza de mesnada real rotulada con un ¡Alza el rabo León!, se le anticipó en la clásica «patada de respeto» y le volcó en cascada y sin aviso los veinticuatro reyes que daba esta huerta y el patatal de secano, las glorias chacineras que se abaceaban en sus platos palaciegos, la reina reinona que fue la primera de Europa y que por ser Urraca aquí se la llama «pega»... y que «antes que Castilla leyes, concilios, fueros y reyes dieron prestigio a León»... y el conceyu d»homes llibres (¡home no!), la liebre con arvejas, el inventor cazurro de la democracia parlamentaria que aquí tiene su cuna (aunque dudaba el cuñao si era de tabla de roble o de palitroque de humero), las truchas de sartén en manteca de gocho (con su receta leonesa «de las tres efes»: frescas, fritas y frías), el relojero Losada, la Roma que sólo pudo ser imperial gracias al oro de Las Médulas, el Ponce de León que conquistó la Florida (pero era de Valladolid), la Pícara Justina y Fray Gerundio de Campazas en coyunda carnal tras el coro, los pimientos del Bierzo, la cecina de castrón o de «Dios nos libre», la asadurilla del Ribera, los tres pilares leoneses del anarquismo español: Durruti, Pestaña y Abad de Santillán, la Garganta del Cares como octava maravilla natural, los imperiales de La Bañeza, los garbanzos de «pico pardal», el prietopicudo... y hasta los titos de Corbillos. Le empapó en glorias al de Donostia, ¡que sois todos unos don hostias!, y de no ser que «sin León no hubiera España», ahora tú serías francés (y no le habló en cazurrés para que bien se le entendiera)... a lo que el pasmao guipuchi sólo pudo replicar con un ¿sabes qué?... «los leoneses sois como los de Bilbao, pero sin motivo».

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