CANTO RODADO
Los zapatos de soñar
Mamdani inauguró una nueva era de esperanza en Nueva York, pero el mundo está bajo la bota de Trump
En Madrid niños y niñas se hacen fotos dentro de una luminaria navideña en la plaza de Chamberí. Parece la carroza de Cenicienta. Como si la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, la hubiera puesto allí para hechizar a vecindario y visitantes, que emulan a Cenicienta cuando se quitó el delantal enfroscado y salió de la cocina para surcar el sueño principesco. Ya sabemos cómo acaba el cuento, cuando la chica pierde el zapato, la carroza se convierte en calabaza y los caballos en ratas inmundas.
La fantasía de la Navidad no puede borrar el proceso de gentrificación que vive la capital de España, como todas las grandes ciudades del mundo, que ya se ha contagiado a las pequeñas urbes como León. Las grandes fortunas y fondos de inversión acaparan propiedades para convertirlas en hoteles, pisos turísticos y negocios de franquicias mientras se expulsa al vecindario, cada vez más personas duermen a la intemperie y cada vez menos pueden acceder a una vivienda o una simple habitación compartida.
Tenemos un problema de vivienda, dijo el rey en su discurso de Nochebuena desde el salón de columnas del Palacio Real. Qué majo, Felipe VI.
El cuento de Navidad está a punto de terminar. Yo me puse los zapatos de soñar el día de Año Nuevo y me dejé atrapar por el encanto de la ceremonia en la que Zohran Mamdani juró el cargo de alcalde de Nueva York, bajo un frío helador, con la compañía de gente esperanzada y bandas sonoras tan utópicas como Over the Rainbow, la canción de Judi Garland para El Mago de Hoz, o Here comes the sun, de The Beattles. Ocho millones y medio de habitantes empezaban la nueva era prometida por Mamdani. Me inquietó qué papel tendrán las mujeres en esta nuevo tiempo. Espero que sea algo más que sujetar el Corán —el nuevo alcalde es musulmán y juró sobre este libro como otros lo hacen sobre la Biblia— como hizo Rama Duwaji, su pareja. Fue hermoso verles sobre el escenario en Manhattan, con los rayos de sol de la primera mañana del año abriéndose paso entre las temperaturas congeladoras. Y fue emocionante contemplar que la diversidad es una realidad que se escapa a los muros del pensamiento de tantos necios en alza. Solo la tragedia de la fiesta en la lujosa estación de esquí de Suiza pudo desplazar a Mamdani. Parecía extraño que Trump estuviera al margen y no acaparara protagonismo con alguna algarada. El presidente estadounidense andaba repartiendo bombas desde Mar-A-Lago, su lujosa mansión de 114 habitaciones, para secuestrar a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, acusado de narcoterrorismo, y su esposa, ¿acusada de qué?
Trump ni siquiera ha prometido llevar la supuesta democracia al país. Toma las riendas mientras Europa se esfuma por el cuatro de atrás y Macron pide paso a Edmundo González, como un eco de María Corina Machado. La legalidad internacional ya para otro día. Ni con calzador entran los zapatos de soñar en este mundo de ratas inmundas disfrazadas.