Diario de León

EL MIRADOR

Pío García

Pio García

Gente espiritual

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La última entrevista de Nicolás Maduro, concedida a Le Monde Diplomatique, terminaba a lo grande. Le preguntaba el periodista, Ignacio Ramonet, por su seguridad y el presidente venezolano respondía desde la más pura ortodoxia revolucionaria: «Yo tengo un búnker infalible: Dios Todo Poderoso. Yo le entregué Venezuela a nuestro señor Jesucristo. Él es rey de reyes. El rey de aquí, de nuestra patria. Me encomiendo a él todos los días».

Horas después, llegaron los soldados americanos y se lo llevaron esposado. Debemos concluir, por lo tanto, que Dios pudo haber creado el cielo y la tierra, pero los búnkeres se le resisten. Esta extraña limitación de la omnipotencia divina no la vio Maduro venir.

A Marco Rubio, que un buen día apareció en televisión con una cruz de ceniza bien dibujada en la frente, le agradará saber que Jesucristo ya era el rey de Venezuela antes de que los marines cayeran sobre Caracas. Recordemos, además, que Donald Trump alguna vez se ha comparado con Jesús, lo que solo puede ser entendido como un inesperado rasgo de humildad, al limitarse a la segunda persona de la trinidad y no al lote completo. El análisis teológico se complica aún más si tenemos en cuenta que Delcy asumió su cargo asegurando que su destino «solo lo decide Dios», lo que parece alejar el terrenal y a veces demoníaco recurso a las urnas y los votos. Para colmo, en el otro frente, el propio Putin nos confirmó el 7 de enero que la invasión de Ucrania era «una misión sagrada» librada en nombre de Dios y del mártir Jorge el Victorioso.

Lo de Lux y Rosalía vale, pero si no ponemos límites a la nueva espiritualidad nos vamos a ir todos al infierno tan ricamente.

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