Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS

Arturo Pereira

Arturo Pereira

Yo, miserable

La indigencia moral es más peligrosa que la material

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El término indigente tiene muchos significados, o al menos se pretende usar para describir realidades, en ocasiones, bastante distintas. Así, hablamos de indigente para referirnos a una persona que carece de los medios necesarios para vivir. Es la definición del Diccionario de la Lengua Española.

Pero, también usamos en forma metafórica el término para referirnos a personas que consideramos indigentes emocionales, indigentes sociales o que no se relacionan con nadie. En todo caso, siempre se utiliza para referirse a una carencia. Es algo que, además, se sobreentiende forma inmediata cuando es utilizado. Ser indigente supone por lo tanto sobrellevar un déficit, nos falta algo. Es muy común aceptar por parte de casi todos que tenemos de una u otra manera carencias propias que nos hacen singulares respecto de los demás. Digo que es muy común pero no es unánime. Algunos petulantes abusones consideran que carecen de carencias. El Papa León XIV ha escrito una Exhortación apostólica titulada —

Te he amado— dirigida a los denominados genéricamente como pobres. Ya se ha dejado claro que pobre e indigente están profundamente relacionados e incluso se identifican. Pero, no. Considero que puedes tener muchos recursos, no faltarte nada y ser un indigente, al menos en su acepción social. Es sabido que la Iglesia no solo considera pobres a aquellos que carecen de recursos materiales. En la citada obra, el Papa, como ya es tradicional incluye en la indigencia a los que no tienen voz propia, a los que son maltratados y sufren abusos por parte de sus vecinos, o simplemente a los que nadie les hace caso y viven en soledad. La pobreza moral es tan grave como la pobreza material. A veces lo es más porque la segunda se puede solventar de una u otra manera pero, la primera es muy difícil una vez que te has acostumbrado a ser un pobre carente de espíritu y que no empatizas con nada ni con nadie . No hay nadie que se escape a esta pobreza moral y social. Tenemos ejemplo de ello todos los días y a todas horas. Una de las cosas miserables que hacemos los seres humanos es establecer categorías entre nosotros. La primera distinción está basada en la riqueza que poseamos. Unos, serán de primera categoría y el resto, pues a la cola. Otra demostración palpable de nuestra magra riqueza moral es considerar a los que no son de nuestra raza como seres inferiores. Y esto es algo que no para de hacerse presente en nuestro mundo. No se puede ser mayor miserable que aquel que ve en el prójimo un ser indigno de su atención. El racismo ha marcado de forma indeleble a la humanidad a lo largo de su historia. Recuerdo con especial significación el caso de Sudáfrica. El apartheid que sufrieron las personas negras en su propia patria se escapa a toda lógica humana. No obstante, un hombre, Nelson Mandela nos dio a todos una lección de perdón y reconciliación. Tras años de cárcel, su liberación supuso la integración de la comunidad negra a la vida ordinaria, de forma ordinaria al igual que los ordinarios blancos. Pobreza, miseria y acciones denigrantes nos acercan a la trama desarrollada por Víctor Hugo en su novela —Los Miserables— El odio radical de un agente de policía hacia una persona salida de la cárcel que pretende rehacer su vida honestamente y las vicisitudes de un periodo revolucionario en búsqueda de la redención y perdón, demuestran de forma nítida que sin recursos materiales se puede ser rico. También demuestran lo contrario. Cada uno puede elegir lo que más le interese.

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