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Donde menos te lo esperas, aparece un leonés, o alguien con raíces familiares leonesas. Meses atrás, desde Girona, el catedrático catalán Jorge García López me propuso colaborar en un especial sobre Cervantes, en la revista cultural Hasta el tuétano, que ni se compra ni se vende, pues se publica por el placer de compartir. La dirige el madrileño Fernando Criado. En principio, no había ningún leonés a la vista. Pues cuando le remití el artículo al director me informó que tiene más raíces leonesas que los chopos de La Candamia, y por ambas ramas. ¡La revista tiene su dirección postal en nuestro Fresno de la Vega! Me quede de piedra de Boñar. Este año, el ayuntamiento fresnero ha editado un calendario con preciosas ilustraciones gastronómicas de Criado, y no descarto hacerme una ensalada con el primer trimestre. ¡Debimos conocernos antes! Para la cena de Nochebuena le pedí que me recomendase una marca de los mejores pimientines enlatados y me la dio… pero acto seguido me remitió una fotografía, en la que se le veía portando una bandeja de ellos: «pero los mejores los míos, sin presumir, los aso en mi horno árabe». En su Fresno. Y seguro que no es fanfarronada, ¿acaso cada español no sabemos que las mejores croquetas eran o son las de nuestra madre?

Supongo que esa proliferación de paisanos se debe, en gran parte, a la necesidad de buscar fuera oportunidades. Unos se van, otros llegamos. En varias ocasiones ha llegado a espetar a extranjeros: «Tú tienes que ser leonés y aún no lo sabes. Vuelve a mirar tu pasaporte». Hasta cuando estuve coordinado la limpieza del mural de la ONU encontré allí leoneses, como una simpática funcionaria llamada Cirenia. Todos anhelan reencontrarse con su tierra.

Supongo que habrá leoneses hasta en el infierno. Vale, pero tampoco hay que bajar tanto. Cuando un paisano nuestro sube al cielo lo primero que hace es buscar dónde hay un patatas Blas. No soy eso que llaman un leonesista, y no solo porque haya nacido en Madrid. Tengo mi propia geografía. Pero creo en las deudas de felicidad, y la mía la tengo con esta tierra. Cuando digo cada día «gracias, León» lo estoy extendiendo a la vida, como en la bella canción de Merces Sosa. Y la vida es la patria de todos.