Humillar es tendencia global
el Premio Nobel de la Paz se ha autodestruido. Como una bomba programada, el galardón noruego ha saltado por los aires en el despacho oval. La cosa no pintaba bien desde hace tiempo. Ni justo fue dar el premio a Obama, ni razonable entregarlo en las manos de María Corina Machado que, de su espectacular huida de Venezuela, ha pasado a mercadear con una medalla que, quiera o no, solo es suya.
El esperpento de la entrega del trofeo a Trump, ante los ojos de todo el mundo es la punta del iceberg del deterioro de una civilización que cabalga a lomos del cinismo y la hipocresía. Damos lecciones al mundo con la boca muy pequeña, mientras el continente, aturdido, tiende la mano al gran tirano que emula a Hitler.
Humillar es el verbo. Humillante es la acción. Vivimos en el tiempo de los déspotas que utilizan las urnas para validar tropelías, desde Minneápolis a Palestina. Desde Irán a Afganistán. La tendencia es global.
Humillante es el enterramiento de las vías de la Feve en León. Hace un siglo y tres años desde que salió el primer tren de viajeros, el trenuco, desde la estación de Padre Isla hasta Matallana para unirse al progreso de la vía del carbón hasta Bilbao. Se van a cumplir 15 desde que clausuraron las vías para hacer un tranvía que se esfumó en las tropelías de municipio y ministerio.
Si se consuma el plan de eliminar el trazado ferroviario entre León y la Asunción, habrán enterrado otro trozo importante de la dignidad de León. Pero no en nuestro nombre, ni en el de todas las personas que saldrán este domingo, día de San Antonico, a tomar las vías.
Una decisión que dicen que ya está tomada, por encima del derroche pagado por nuestros impuestos, es una medida dictatorial. De chulería gubernamental. Las políticas nacionales que dejan de lado a las tierras castigadas por la transición energética, o simplemente despobladas para alimentar de obreros a las zonas industriales, son injustas y miopes.
No se puede venir a La Robla y a la comarca de Gordón a bautizar el «valle leonés del hidrógeno» como si fuera una bicoca y se pudiera borrar el sacrificio que se ha pagado, mientras con la otra mano, la del Ministerio de Fomento, rompen la cohesión territorial. Ni tren de Matallana, ni a Ponferrada. Y La Robla y Gordón, estaciones fantasma de la variante de Pajares.
Tratan a la provincia como a un inmenso vacío territorial que pueden pintar de colores con fuegos de artificio. Franco diseñó los polos de desarrollo como urbes preferentes y ahora dicen que Madrid es España, sin contar con las Españas.
Mucho se rasgan las vestiduras otros con el modelo de financiación autonómica —mal hecho, sin consenso y con falta de rigor— pero fueron los primeros en sepultar el tren, que ya no es un tren, es un símbolo de León.
Ahora que la Junta despliega sus marquesinas de Buscyl es el mejor momento para que lance al Ministerio un órdago y conectar el tren de Feve al transporte metropolitano. Pero no caerá esa breva ni en campaña electoral.