Diario de León

PANORAMA

Lorenzo Silva

Lorenzo Silva

El festín de Carrère

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Allá por el año 2000, cuando Vladímir Putin acababa de acceder a la presidencia de la Federación Rusa, fue a visitarlo al Kremlin la secretaria perpetua de la Academia Francesa, Hélène Carrère d’Encausse, experta en historia de Rusia, sovietóloga eminente y medio rusa y medio georgiana de origen ella misma. Al saludarla, en ruso, idioma que la visitante dominaba, Putin se dirigió a ella con el patronímico, Elena Gueórguievna, y le hizo notar que se conocían. Hélène, pese a no recordar haberlo visto antes —no había reparado en él cuando era el más gris ayudante de Borís Yeltsin, que también la había recibido en el Kremlin-, fingió reconocerlo. Putin, sonriente, le espetó: «No, usted no se acuerda de mí, pero yo sí de usted, porque ese es mi trabajo».

Esta es sólo una de las muchas historias impagables que contiene «Kolkhoze» —en castellano, «Koljós»—, la última novela del hijo mayor de Hélène, Emmanuel Carrère, que próximamente aparecerá traducida en España. Convertido desde hace tiempo, por derecho propio, en uno de los nombres fundamentales de la literatura francesa contemporánea, en este libro nos regala a sus lectores un verdadero festín, con todos los condimentos que son marca de la casa. Con su mirada a la vez atenta e implacable, inmisericorde y gentil, narra una historia que es la de los suyos, la suya propia, y al paso la de esa Rusia y esa Georgia de las que su familia materna hubo de salir tras la Revolución, así como la de la Francia que acogió a sus antepasados y en la que él nació y alcanzó el éxito, que antes le había sonreído a su madre.

El resultado es un libro inclasificable, en el que, sobre todo al principio, pero también más adelante, uno tiene la sensación de no acabar de saber del todo de qué va. Con otro escritor, eso sería un engorro. Con Carrère, no. En cada línea está su ingenio amable y a la vez agudo, sus ideas esclarecedoras extraídas de cuanto observa, de sus lecturas, de lo que otros le dicen o le cuentan haber vivido, de sus propias vivencias y adversidades. Habla de historia, de literatura, de geopolítica; del estupor y la impotencia que agarrotan por igual a la izquierda y la derecha en nuestros días.

También de la relación entre padres e hijos, que, en su caso, con una madre de personalidad homérica y un padre acampado mansamente a su sombra, fue un reto que le superaba una y otra vez. Tras el inventario de sus defectos, el lector siente que el libro es un acto de amor a esos dos seres que ya no están. No hay, entre humanos, afecto sin indulgencia.

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