AL TRASLUZ
Balada contra gigante
En sus comparecencias ante los acólitos, Trump baila pletórico y con los puños apretados… aunque eso suyo solo sea pavonearse. Bailar con tu ego no es bailar. En cambio, con su verdad rítmica, Bruce Sprignsteen hace bailar a los corazones. Street of Minneapolis ya es himno en todo el mundo. Esta balada no solo se canta, se proclama. Además de un rotundo ¡basta ya! es un fraternal no estáis solos. Demasiadas líneas rojas sobrepasadas, incluida las de la compasión. La canción no ha derribado al gobierno, pero, sin duda, está canalizando la indignación empática ciudadana, y no solo en su país. Antes, el presidente había llamado a Springteen «fracasado», como si serlo fuese indecoroso y pudiera utilizarse para desdeñar; se lo había espetado a uno de los artistas más exitosos del planeta, no solo por sus ventas sino porque es querido por millones de personas. Dime cómo insultas y te diré quién nunca serás. Tengo una máxima al respecto: «Dios bendiga a los perdedores, que los ganadores ya se bendicen ellos solos». Además, le llamó «imbécil prepotente» y «cantante sobrevalorado»; también, dijo de él que era «más tonto que una piedra», ignorando que las hay sabias: algunas enseñan que tu camino es rodar y rodar…. hasta que este termina. «Oh, nuestro Minneapolis, oigo tu voz/ cantando a través de la niebla sangrienta».
El electorado republicano es el primero que tiene que zanjar lo que su voto ha provocado; en las próximas elecciones, esas que allí llaman «de medio mandato», pueden corregir su error. Pero ahora, buen pueblo estadounidense… salgan a las calles pacíficamente, entrelacen sus manos y su indignación. Canten. «Recordaremos los nombres/ de los que murieron en las calles de Minnneapolis».
De nuevo, un gigante —aunque no tanto como él se cree— ha subestimado a un pequeño pastor. La onda de Springsteen no lanza guijarros, sino baladas. Aún no ha caído, pero ha acusado el golpe y se tambalea de rabia. En el escenario, su «fracasado» no finge bailar; lo hace y muchos lo hacen con él. Frágil y fuerte. Confesó haber luchado y aún luchar contra la depresión. El ritmo de la verdad. Trump nunca debió subestimar el poder de una canción. Y sí, bailar con tu ego no es bailar.