LEÓN EN VERSO
Maquinista, marcha a la vista
No puedes llevarte los trenes a casa. Eso encumbra su objeto social, con independencia de que corran para la Deutsche Bahn, Medway, la Renfe, la Unión Pacific o Comboios. No es igual ser capitán de barco y aparcar el yate en el muelle privado de Costa Esmeralda, piloto de aviación y bajar el reactor a la sombra de la mansión de Texas que maquinista y llegar con la flamante 256 a sanfermines; o la composición del 112, que sería tanto como el autobusero que saca el Calecar para ir a cenar con la novia. Los maquinistas mueven locomotoras a la vez que mueven un país; la gente, los cargos, las ilusiones, los sueños, las decepciones; la sorpresa, para delirio de las vacas que ya comienzan a extrañar aquel ruido celestial que les acompañaba en la hora del rumio en la solana de Pajares, más allá de la Perruca. Conozco maquinistas con una vocación más férrea que la de los seminaristas que se ordenaron curas en la Polonia de Jaruzelski. Eso cultiva el halo de mito que los rodea. Un tren, al fin, es el maquinista que lleva dentro. Salir de casa a las dos de la madrugada, tomar un taxi, llegar a clasificación, poner en marcha un tren, equivale a escribir una novela por jornada; levantarse en León, despertar a Madrid. Pasa un tren y cincela las historias de los viajeros, casi como las ambulancias con el puente de luz azul que transportan biografías para los periódicos. Al contrario que a los administrativos y funcionarios que se ciscan en los ciudadanos que se acercan a la ventanilla, a los maquinistas les suelen gustar los trenes; hablan con pasión de ese trajín. Conozco grandes maquinistas y mejores personas; mi maquinista de cabecera, (nuestros ojos en la vía, nuestro hombre en cabina, porque a ver si se creen que los cronistas parlamentarios iban a subsistir en el hemiciclo sin alguien que les susurrara la verdad entre escaños) hace tiempo que me contó que un día iba a haber una tragedia. No lo advierten con ánimo de Nostradamus; no. Lo hacen con la voluntad de ser profesión de responsabilidad y no de riesgo. Gente que lleva a gente, no brakeman que frenan los trenes febriles porque a la vía le falta un carril.