CANTO RODADO

Es el petróleo, no es la democracia


Es la guerra por los recursos y no nos dejarán escapar de ella aunque ahora la contemplemos a través de la pantalla

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Cada generación tiene el deber de ser mejor que la anterior. La frase se la oí a Marly Kuernez, una terapeuta brasileña que trajo a España su método ‘El juego de la atención’. No parece que vivamos tiempos propicios para la mejora humana.

Tenemos a las generaciones más preparadas de la historia, hemos oído decir hasta la saciedad en las últimas décadas. La generación más preparada tiende a ser depauperada de bienestar y derechos de la forma más ‘cool’. Con el ‘pulgarcito’ entrenado para hacer virguerías en la era digital y las mayores posibilidades de movilidad que se han conocido, hasta el punto de que ser astronauta se ha convertido en una obligación.

La mejoría es de lo peor. En Argentina ya han aprobado la jornada de 12 horas, con lo que costó la de ocho horas. En España se instauró el 1 de octubre de 1919, después de una intensa lucha sindical y obrera que paralizó el país. El leonés Ángel Pestaña fue el líder anarquista más destacado en la huelga de 44 días de La Canadiense, en Barcelona.

En Irán caen las bombas sobre la población con mensajes de rebelión contra el infame ayatolá como quien canta una nana a un niño famélico de hambre y de libertad. En Venezuela lo solucionaron con un secuestro —quien sabe si pactado— y un gobierno títere que no ha cambiado nada. En Ucrania dejan que la violencia de la guerra siga incrustada en la vida cotidiana, mientras los jóvenes de Rusia, gobernados por la antigua KGB, temen ser llamados a filas para morir en los frentes.

Los tiempos convulsos se han instalado en la cotidianidad del mundo y es tan fácil pisar una mina antipersona como sortear la muerte en la danza azarosa que nos propone Sirat, la película distópica de Oliver Laxe en la que se pierde el fin —la búsqueda de la hija desaparecida— para sobrevivir en el medio hostil y perderlo todo. Porque nadie sobrevive a la muerte de una hija y un hijo. Solo queda el fantasma de una vida sin horizonte.

La guerra se ha instalado con la excusa de salvar la democracia. Y es mentira. La única verdad de las armas es el petróleo, la riqueza, el poder. Es la muerte de la humanidad para dar paso a los humanoides de caras estiradas por el bótox soñando con la eterna juventud en otro planeta.

Es la guerra por los recursos. De la que no nos dejarán escapar. Ahora la contemplamos a través de la pantalla. Pero ya está aquí con proyectos fallidos de hidrógeno verde y campos de placas solares que acabarán en el vertedero industrial, la gran propuesta oculta de los comicios del 15M.

Las asonadas de Trump, con bombas, pistoleros encapuchados o secuestros, han puesto un velo sobre Palestina. El plan de aniquilación de Netanyahu, apuntalado por Estados Unidos, sigue su curso. Como un destino maldito desde que a finales del siglo XIX llegaron los primeros colonos judíos y la comunidad internacional entregó el protectorado a los británicos.