Diario de León

DISTINTAS FORMAS DE VER LEÓN

León, 120 años después: memoria, transformación y ambición colectiva

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Un periódico que cumple 120 años nos obliga a mirarnos al espejo y también al retrovisor. El Diario de León ha sido memoria y testigo de cómo esta provincia ha cambiado de piel muchas veces: del campo a la industria, de la minería al conocimiento, de la emigración al retorno parcial, de la esperanza colectiva al desencanto silencioso. León es una provincia que ha dado, ha trabajado y ha sostenido mucho y, sin embargo, demasiadas veces ha recibido menos de lo que corresponde a su esfuerzo.

León ha cambiado. Es innegable. Hemos vivido etapas de crecimiento y de actividad económica intensa. Hemos visto nacer y desaparecer industrias; transformarse sectores, cambiar hábitos. Y hemos atravesado también una etapa que está dejando una profunda huella: el retroceso demográfico. Menos población significa menos consumo, menos mano de obra disponible, menos relevo generacional, menos capacidad de atraer inversión. Significa que mantener un negocio es más difícil; que emprender es más arriesgado y que la provincia compite en desventaja. Pero sería injusto y equivocado reducir León a una narrativa de pérdida. León sigue aquí. Y sigue en pie por una razón muy concreta: porque hay empresas que sostienen esta provincia con hechos, no con discursos. Autónomos que abren cada mañana sin aplausos. Pymes que exportan sin ruido. Comercios que mantienen vida en los barrios y las ciudades. Industria que resiste y se moderniza. Proyectos que nacen con talento joven y ambición. Nuestra economía productiva tiene algo valioso que es la cultura del esfuerzo, de responsabilidad y del trabajo bien hecho, con alguna paradoja, sí, no podemos negarlo, porque hemos mejorado en formación y calidad de vida, pero no siempre hemos sido capaces de convertir ese capital humano en empleo sólido y en crecimiento sostenido. Nuestra provincia no puede vivir eternamente en modo resistencia, que es como estamos. León necesita competir y para competir hacen falta decisiones valientes. Y aquí conviene decir una verdad incómoda: León tiene un problema de ambición colectiva aplicada a lo concreto y de unidad de acción. Nos cuesta convertir nuestros activos en motor económico y tirar del carro juntos y unidos. León tiene que ser más audaz y valiente para capitalizar nuestra ubicación geográfica, por ejemplo, y transformar nuestros recursos en desarrollo real y medible. Por poner solo dos ejemplos ilustrativos que atañen a la industria y al turismo. Uno: albergamos uno de los clústeres biofarmacéuticos más relevantes de España con empresas líderes en investigación y producción farmacéutica y biotecnológica. Es un polo industrial especializado con hasta 14 plantas productoras de medicamentos y vacunas de uso humano y veterinario que constituye un activo estratégico de primer orden y nos posiciona a la vanguardia del sector sanitario. Dos: somos la provincia con más kilómetros del Camino de Santiago y la que más Reservas de la Biosfera tiene de España, con siete; sin contar que nuestras Montañas recibieron el reconocimiento certificado de Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) o que somos la cuna del parlamentarismo moderno. Tenemos recursos naturales tan valiosos como el agua y la energía, que son auténticos tesoros para el presente y el futuro. Todo esto no puede quedarse en un orgullo silencioso o en una postal bonita. Esto debe traducirse en inversión, empleo, profesionalización y empresas de servicios de calidad. Debe ser una palanca de riqueza sostenible y una oportunidad de desarrollo económico y social para nosotros y las siguientes generaciones. Este 120 aniversario de Diario de León es una oportunidad también para ver cómo ha evolucionado el asociacionismo empresarial. Hace décadas, las organizaciones empresariales eran, sobre todo, espacios de representación y defensa sectorial. Hoy deben ser plataformas de generación de valor, de conexión, de formación y de innovación colectiva. En el CEL hemos vivido esa transformación en primera persona: ya no basta con reivindicar; es imprescindible proponer, anticipar y acompañar a las empresas en su modernización. El asociacionismo de hoy debe actuar como catalizador de proyectos colaborativos, como interlocutor cualificado ante las administraciones y como generador de cultura empresarial. Facilitador de foros donde compartir buenas prácticas, impulsar la transformación digital, fomentar la cooperación entre empresas tradicionales y startups, y reforzar la cultura de la excelencia y la competitividad. La mejor manera de honrar la historia es asumir con responsabilidad el futuro. Desde el CEL renovamos nuestro compromiso con el desarrollo económico, con la defensa de nuestras empresas y con la construcción de un proyecto colectivo que permita a León ocupar el lugar que merece y optar a oportunidades para crecer: infraestructuras útiles, conectividad real, suelo industrial preparado, energía competitiva, apoyo a la inversión, simplificación administrativa y una estrategia provincial sostenida en el tiempo. Y esa estrategia debe asumir algo esencial: donde hay empresas, hay futuro. Porque las empresas crean empleo. Pagan nóminas. Forman a jóvenes. Abren mercados. Innovan. Sostienen familias. Mantienen pueblos. Y construyen el músculo económico que permite que todo lo demás funcione. La atalaya que nos da nuestra historia, de más de dos mil años, nos debe ayudar a vislumbrar un futuro que tenemos que asumir como un reto ilusionante y ambicioso: atrevernos a liderar. Liderar el mejor turismo de interior de España, convertir nuestra agroalimentación en un referente de calidad, innovación y sostenibilidad, y situarnos a la vanguardia de la energía verde, la economía del conocimiento y de las Tic. No es un sueño imposible, es una decisión colectiva. Contamos con territorio, talento, tradición y una nueva generación dispuesta a emprender. El verdadero desafío es creérnoslo y trabajar juntos para que León no solo conserve su identidad, sino que la transforme en oportunidad y progreso compartido.

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