CANTO RODADO
Las 'insistencialistas'
El 8M debe abanderar el pacifismo del feminismo y la igualdad y deshacerse del lastre de dos manifestaciones
El cartel morado con una frase impresa en diferentes idiomas en las manos de varias mujeres me llegó desde el barrio de Chamberí, en Madrid. ‘Mujeres por la paz’, dice la hoja con fondo morado, que no me envió Isabel Ayuso. Ella es mujer de guerra permanente y sucia.
El cartel había salido de un pequeño local al que da vida una asociación y que alimenta las inquietudes culturales, de pensamiento y vitales de personas vinculadas al barrio desde que el Ayuntamiento de Madrid, señor Almeida, cerró el centro cultural en un local público.
No es el único caso. Acaban de echar a la gente de otro centro en Tetuán y en esta zona tan sola resiste el de Malasaña, el 2 de mayo. Será por el nombre. La villa y corte, que luce estos días lazos morados en edificios públicos de ámbito estatal, está sembrada de cortinas verdes —mallas protectoras de andamios de construcción— sobre edificios que pronto serán pisos turísticos.
Sonbre otros se pueden ver sábanas o telas blancas pintadas en negro con leyendas como «stop deshaucios» o «basta fondos buitre» que cuentan lo que está pasando en dos palabras. Es la guerra de la gentrificación.
Perdonen que use esta palabra en estos momentos de guerra total. Pero es que realmente hay una guerra financiera que está matando la vida, el alma y la personalidad de las ciudades. No nos damos cuenta de que atañe a nuestras vidas.
Las cosas más importantes suelen suceder sin que las percibamos como tales. Como les pasó a las sufragistas británicas, las más combativas de Europa, cuando estalló la I Guerra Mundial. Emmeline Pankhurst cuenta en sus memorias que optaron por dejar sus reivindicaciones en la retaguardia y volcarse en la ayuda al país en guerra.
El derecho al voto femenino en el Reino Unido tuvo que esperar. Se logró, eso sí, en 1918. Las sufragistas fueron las primeras 'insistencialistas', esa estirpe de mujeres que se dejan la vida en defender los derechos humanos en lugares como México. Me enseñó esta palabra Cynthia Casarrubias, una mujer de Querétaro, que lidera una organización de familias monoparentales que ha observado un aumento del 124% de madres solteras, casi todas adolescentes violadas. «No más niñas madres», es su lema.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaun, una de las voces más lúcidas y una de las políticas más coherentes de este momento siniestro entra en esta categoría de las dignas insistencialistas, aunque el problema de la violencia hacia las mujeres está muy difícil de abordar, especialmente en ciertas partes del mundo. La maquinaria letal de los genocidas Trump y Netanyahu decidió cortar por lo sano y asesinar a más de 160 niñas en un colegio en Irán nada más empezar la guerra.
El 8M debe alentar más que nunca el valor pacifista del feminismo, la igualdad y los acuerdos internacionales. Y no lo va a lograr si no se deshace del lastre de dos manifestaciones. Seamos 'insistencialistas' con la paz.