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Asumido por miles de personas como el paradigma del despiporre, es un problema de orden público que, al margen de sumar ilegalidades, puede desembocar en un disgusto de seguridad ciudadana en cualquier momento. Y las medidas que se toman para prevenirlo no son suficientes. Así lo advierte una vez más el Procurador del Común, que de nuevo llama la atención al Ayuntamiento de León sobre el descontrol generalizado que el casco antiguo vive en la noche del Jueves Santo, con el reclamo de Genarín como excusa para saltarse no ya las normas de la urbanidad, sino directamente la legalidad. Ahora la institución exige de nuevo al Ayuntamiento leonés que refuerce el control en ese día con sus agentes locales, que pida ayuda a la Policía Nacional si lo estima necesario (aunque recuerda que la potestad sancionadora es municipal) y que multe todas las irregularidades: consumir bebidas alcohólias en la vía pública, cometer actos vandálicos, orinar en las calles, arrojar basura,... Multas que no sólo afectan a los consumidores, sino a los establecimientos que vendan bebidas a la calle o no cierren a la hora establecida. El informe de la Policía Local del año pasado es esclarecedor: no actuaron para evitar altercados de orden público. Un botellón intolerable.