Diario de León

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Una frase con látigo literario me persigue tras leerla en una columna del gran Jose Luis Alvite que las redondeó en La Voz de Galicia y un tiempo en Diario 16 o dichas en las ondas de Carlos Herrera... dibujo preciso como pocos que recuerde... describía a una mujer meliflua, almibarada, trapeada en gasa y que «si quedara embarazada, sólo tendría gatitos». Brutal instantánea. A lo largo de los años no son pocas las mujeres que me sugieren al instante esa imagen de Alvite, no puedo evitarlo, y las imagino pariendo gatitos por serles muy probable. Y me vino al caso porque en mi memoria los gatos comían de todo sin despreciar desperdicio; tenían entonces siete vidas y un cólico miserere sólo les robaba una dejando otras seis a su destino. Era tiempo de vida justa y hambre por barrios, así que se les dibujaba soñando con una sardina lo mismo que Carpanta lo hacía con un pollo asado. Pero parece que hoy sólo tienen una vida y hay que cuidársela con costoso esmero desde su estadío prenatal, época baby, fase junior o largura senior, especificándose para cada una de ellas la alimentación precisa y complementos indicados o necesarios. Lo descubro cuando me despido de una amiga por tener que ir al súper y me ruega que le compre comida para su gata Benita (es cartujana y, por tal, de pachorra conventual). Me pide pienso y en el súper me pierdo. Lo que empezó en estante y después en lineal es hoy fondo total del establecimiento y un verdadero e interminable circo de productos. Mi confusión es absoluta y mi alma pequeñina algo se escandaliza. Le mando fotos del barullo y le ruego que me oriente. Compra lo más barato, me dice. Y así me aclaré algo, no mucho. ¿Están los dueños de mascotas presos y abducidos?, concluí. Niños no; el gatito es el bebé. Todo por mi niño; y que la patria espere. Recordé entonces los cientos de gatos que vimos en Esaouira, Marruecos, el puerto más sardinero de África, gatos callejeros con mando en plaza y de pelo brillante por bien comidos con restos de pesca (el brillo del pelo de un minino certifica su salud, felicidad o penuria). Y creo que allí le harían ascos a una latita gatuna de «buey con cereales».

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